UNA RÁFAGA LLAMADA FELIPE SANTIAGO (XIX)
(Imagen: Catedral de Arequipa antes del terremoto de 1868. Moleskinearquitectonico.blogspot.com)
Por Pedro José Cama
En la Lima en noviembre de 1835, en su tierra natal, Felipe Santiago ya no era popular, aunque ahora más de 200 años después ningún soldado defensor de la Patria lo sería en la Lima del 2021.
"Felipe Santiago sólo pudo contar con 6 días en Lima. Por esta circunstancia, sus medidas se limitaron a mandar una columna a las órdenes del coronel don Agustín Lerzundi (que .había vuelto de Atico-Arequipa), para que persiguiese a los montoneros hasta concluirles; hizo armar la plaza del Callao y organizar la 5ª división; estableció un gobernador militar y un piquete de tropa en cada distrito; nombró comandante general del Departamento de Lima al general don Antonio Raygada y autorizó extraordinariamente a la prefectura...
"Al coronel Agustín Solar le entregó el mando militar de la 5ª división.
"Sin embargo que estas disposiciones eran escasas, no bastaban a establecer la seguridad de un modo sólido...
"Era necesario algo más, fuerza crecida y unión en los encargados de reemplazar a Felipe Santiago en su ausencia...
"La fuerza crecida, era indispensable para contener la opinión de los pueblos pronunciados casi en la generalidad, contra el hombre que se sacrificaba por el bien de esos mismos pueblos...
"El Jefe Supremo se hallaba colocado en un círculo estrecho de acción...
"Su combate no era limitado a presentar batalla al presidente de la Bolivia invasora, general Andrés de Santa Cruz, eso habría sido poco; su principal enemigo era la desmoralización de los hombres, la inercia con que contemplaban el derrumbe de la Patria...
"No habían comprendido al héroe; en sus esfuerzos le creían arbitrario porque sus esfuerzos no se detenían ante las consideraciones y la indolencia del mayor número.
"Sufrían por el estado de la guerra y este sufrimiento lo achacaban al espíritu desembarazado de Felipe Santiago que prefería la destrucción de cuanto se le presentaba a trueque de salvar el honor nacional...
"Por esas causas, Felipe Santiago se encontró luchando contra la sociedad que procuraba privarle de recursos y hacerle sucumbir; y contra Santa Cruz que recibía auxilio y ofrendas de los que debían morir al pie de los estandartes del Perú...
"Para reprimir esas tendencias y hostilidades, era que se requería fuerza militar...
"La unión en los jefes encargados de hacer las veces de Felipe Santiago era aún de mas absoluta necesidad, puesto que si la discordia se apoderaba de ellos, los cortos recursos que se acababan de poner en planta para sostener la autoridad, servirían más bien de ocasión y de elemento para concluir con ella.
"Felipe Santiago, no tuvo tiempo para imprimir el sello de su genio a esos delegados; tenia que estar al frente del mayor peligro y por eso, al marcharse, confió en que lo que no dejaba previsto lo suplirían ellos...", describía con frustración el biógrafo del protagonista, el literato chileno, don Manuel Bilbao.
El coronel Agustín Solar, fue al que tocó reunir todos los males de nuestra clase dirigente: la traición, la ambición personal por sobre el interés nacional y la causa de la destrucción del país en diversas épocas aciagas por los próximos 200 años.
Desobedeció a Felipe Santiago, hostigando al Consejo de Gobierno, presidido por don Manuel Ferreyros, don Juan B. Lavalle; don José M. Lizarzaburu y don Joaquín Arrese, sobre todo cuando una algarada de montoneras y maleantes tomaron la Capital y su Catedral haciendo incluso repicar las campanas de sus torres, el 12 de diciembre de 1835.
Cuando el Consejo de Gobierno pidió el apoyo a Solar éste se los negó aduciendo que no tenía fuerzas suficientes y les ordenaba desplazarse al Callao ya que las fuerzas invasoras estaban ad portas de Lima (lo cual era mentira).
"O vienen al Callao o hago arder la ciudad con 8 barriles de pólvora que tengo preparados", amenazó Solar al Consejo.
A dicha infame actitud se sumó el cuartelazo del general Francisco Vidal en Huacho (140 kms al Norte de Lima), a lo que el Consejo solicitó a Solar reprimir dicho levantamiento, de la cual no recibió respuesta.
Solar ordenó que las fuerzas de Lima abandonasen al Consejo el 28 de diciembre de 1835, dejando la Capital a manos de las montoneras ocurriendo el hecho histórico que preserva don Ricardo Palma en sus "Tradiciones Peruanas", del montonero afroperuano, "El Negro" León, quien aducen llegó a sentarse en el Sillón de Pizarro.
"León a la cabeza de unos montoneros, y seguido de algunos muchachos que gritaban 'Viva León, viva Santa Cruz' se apoderó de la ciudad...
"He aquí el primer enviado del invasor! Aquel día hubo algazara y repiques, y por la noche y la mañana siguiente hubo algunas muertes, y fueron saqueadas y destrozadas algunas casas...
"La del comandante Jiménez, fue embestida con furor, no quedando en ella, especie que no fuese robada, ni mueble que no fuese roto....
"Mayores desastres se hubieran sufrido sino hubiesen estado 150 extranjeros de tropa que el Consejo había permitido desembarcar días antes, los que contuvieron a los montoneros y al populacho...
"La ciudad entregada al caudillo León, tembló de espanto y casi no hubo persona que no desease la aproximación de cualesquiera fuerza que salvara tantas vidas y tantos intereses, expuestos a servir de pábulo a la violencia y rapacidad de los montoneros.
"Todos maldijeron a los que la habían abandonado tan sin motivo y tan precipitadamente...
"El día 29 entró otra montonera, compuesta de indios en su mayor parte; pero tan mal montados y armados como los negros de León...
"El 30 de diciembre de 1835, entró el general Vidal y anunciando al cuerpo municipal, que sin embargo que tenía orden de no acercarse a la ciudad, los clamores de muchos vecinos, y la necesidad de poner orden y evitar desastres en un pais abandonado a su suerte, lo habían decidido a venir...
"El mismo día 30, el ministro de Gobierno recibió una nota del coronel Solar, con fecha del 28, contradictoria con su conducta anterior, en que manifestaba los inconvenientes que le ocurrían para la publicación del decreto que habían acordado con el Concejo, por creer de malos resultados la suspensión del Gobierno a causa de hallarse en buen pie el ejército del Sur, de no haberse perdido aún el Norte y de lo conveniente que era conservar esa autoridad; y añadiendo que se le avisara el día y hora en que podría pasar a recuperar la Capital para proteger la salida de los miembros del Consejo de Gobierno...", registra Bilbao.
Solar jamás regresó a Lima.
Ese cúmulo de traidores a la Patria, consiguieron que el ex presidente general Luis José de Orbegoso y Moncada Galindo y el general a órdenes de Santa Cruz, don Trinidad Morán, tomaran Lima casi sin resistencia el 8 de enero de 1836, con los aplausos y vivas de los limeños.
En Arequipa, mientras tanto, Felipe Santiago se indisponía con los arequipeños quienes le solicitaron convoque a un cabildo abierto para decidir las medidas a tomar para la defensa de la ciudad, pero el presidente del Perú rehusó de plano, pues no era horas de ponerse de acuerdo, sino de unidad de pensamiento y mando, como acatamiento y movilización.
Los notables de Arequipa se ofendieron, y ante la solicitud educada de Felipe Santiago de recursos y la indiferencia de los arequipeños, el general limeño procedió manu militari.
Felipe Santiago ordenó el reclutamiento de 600 personas; el impuesto forzoso de 100 mil pesos a los comerciantes y terratenientes más pudientes; la manufactura de armamento, monturas y equipo, a los artesanos como la requisa de ganado para el alimento de la tropa en todas las campiñas circundantes.
Las fuerzas peruanas ocupan los cuarteles de Challapampa (Yanahuara, 3 kms al Suroeste de la Ciudad Blanca) y allí, Felipe Santiago le comunican la caída de Lima y la cobardía de su general Melchor González del Valle, quien no se atrevió a desembarcar a Iquique para desde allí tomar Oruro (Bolivia) e indisponer al pueblo boliviano contra Santa Cruz, y su retorno al puerto de Islay.
Y tras la lluvia de cuernos, vinieron los palos...
Le es informado al presidente del Perú que el general orbegosista, Anselmo Quirós se hallaba en los baños termales de Yura (15,1 kms al Noroeste de la Ciudad Blanca) con 700 de sus hombres.
El ímpetu de aquella ráfaga llamada Felipe Santiago, parecía mengüar...pero sus enemigos, bañados en sangre, si sobrevivían, se darían cuenta que estuvieron muy equivocados.
(Fuente: "Historia del General Salaverry". Manuel Bilbao. 1853).



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