CUANDO PRECIO DE LA LANA ARRUINÓ AL PERÚ

 Modesto ensayo sobre demonios que el país debe erradicar 




Pedro José Cama




Los peruanos vivimos de espalda a nuestra biografía nacional. 



No sabemos ni tenemos conciencia de qué y quiénes causaron esa ausencia de identidad nacional, incomprensible en una tierra donde se establecieron los primeros Estados del continente americano, y el primer imperio de América del Sur.



Quiénes fueron los culpables de nuestro recurrente sentimiento de inferioridad, de nuestra pasividad ante la ofensa extranjera y nuestro derrotismo en todos los niveles y actividades de la sociedad.



Un premio Nobel de Literatura, que ni siquiera podemos decir peruano, hizo célebre en una de sus novelas la pregunta: "¿Cuándo se jodió el Perú?", pero dudo mucho que lo ignore: el Perú se arruinó, se jodió, cuando entre los años 1900 y 1905 se dispara el precio de la lana de oveja en los mercados internacionales.



Ello convirtió a los caciques provincianos, más que todo dedicados a la montonera y caudillajes políticos, en los primeros "gamonales" (de gamonal o planta parásita que crece en la Sierra peruana, la cual sólo crece matando lo que le rodea).



Ya existían casas comerciales que exportaban lana de oveja como la Casa Ricketts en Arequipa desde 1895, pero exportaban a lo sumo $1 millón al año. 



Pero a partir del año 1900 exportaban ya $2,4 millones y para 1920, se enviaba al extranjero $3,1 millones de pacas y pacas de lana de oveja peruana.



El dinero llama al barro y el barro a la muerte...



Los caciques provincianos, ya de por sí con atisbos de psicopatías serias, invaden y roban tierras a las comunidades indígenas en Puno, provocando que, de las 705 haciendas que había en esa región en 1876, para 1915 se registraban 3,219...



Los caciques, convertidos en gamonales, eran mayormente comerciantes, abogados, militares o todo a la vez.



No tenían el concepto moderno y empresarial para manejar las haciendas nacidas del robo, ni sabían el manejo correcto de tierras, agua, trabajadores y tecnología...



Sólo entendían una cosa, siguiendo el criminal hábito colonial: vender, cobrar, esclavizar y gozar. Vivir de la rentabilidad de la mano de obra barata o semi-esclava...



Colonos y "yanaconas" trabajaban la tierra del gamonal (posiblemente la que robaron a su comunidad) a cambio de parcelas y pastizales para su sobrevivencia. 



Aparte, debían vender la producción de la hacienda en ferias o pueblos y su familia sirvientes en la casa hacienda del terrateniente.



Si el indio no quería morirse de hambre debía reducirse a esclavo del gamonal.



Con el "boom" lanero, creció el poder de las casas comerciales exportadoras, sobre todo en la Sierra Sur: Ricketts, Gibbs, Muñoz Nájar, Emmel Hermanos, Rey de Castro, Enrique Meier, Orlos Belon, Carlos Lucioni, Roberts & Cía...etc.



Estas casas crearon una red de gamonales a quienes les compraban la lana de oveja o alpaca (muchísima más valiosa); establecieron sucursales en el Cuzco, Sicuani, Ayaviri y Santa Rosa (Puno) dirigidas por agentes o sub-agentes (a veces los mismos gamonales) que conseguian la lana de las haciendas o; valiendose de "rescatistas", quienes la recolectaban de comunidades, ferias campesinas o estancias apartadas, pagándoles o estafándoles con productos manufacturados de ínfimo valor (como hicieron los primeros europeos que llegaron a América, que trocaban chafalonía por oro)...



Los gamonales entonces acrecentaron su poder económico lo suficiente para comprarse ejércitos privados con los que imponía jueces, comisarios y profesores entre sus familiares o allegados, en las áreas que dominaban y con el amén del gobierno, pues el gamonalismo le permitía mantener el orden público donde no podía el Estado.



Después, los terratenientes comprarían o amenazarían por votos los cuales les permitiría por generaciones, ser elegidos diputados o senadores de su jurisdicción.



La mayoría de gamonales eran blancos, pero había mestizos también. A todos, el campesinado les llamaba "mistis" o "señores".



Para el hacendado de la Sierra Peruana a inicios del Siglo XX, el indio no discernía, no tenía inteligencia y estaba totalmente convencido que éste no se distanciaba mucho de un animal o un objeto. 



Ese espécimen, esa planta parásita, esa malahierba, creció e infestó nuestro país social y económicamente, por la exportación lanera y extendió un siglo más, la explotación y esclavitud de toda una raza, dueña ancestral de su propia mazmorra.



Las casas comerciales fomentaron el gamonalismo, el cual implantó sobre millones de seres humanos, violencia y humillación; castigos físicos e insultos verbales; explotación y esclavitud en pleno Siglo XX.  



Las víctimas de ese orden de cosas en la Sierra, la Sur con más saña, quienes sobrevivieron, terminaron muchos de sus descendientes viniendo a Lima, (primero por el crecimiento del sistema financiero urbano y el decaimiento del comercio rural en 1960,  y posteriormente, fruto del gamonalismo, del surgimiento del terrorismo maoísta genocida en Ayacucho en 1980), migración de la que parten 2 ó 3 generaciones de limeños en la actualidad. 



Todos nuestros defectos, sea complejo de inferioridad, racismo, abuso o agresividad del peruano contra el peruano, todos esos demonios internos, nacieron de ese maldito día que el precio de la lana se disparó en los mercados de Boston (EEUU) y un desalmado espécimen parasitario hizo una fortuna a través de las espaldas sangrantes de millones de seres humanos.



Es entonces que se jodió el Perú, pero, podemos estar seguros, no por siempre.   



(Fuentes: "El Perú Republicano. 1821-2011". José Valdizán; Fernando Armas; Raúl Palacios y Lizardo Seiner. 2013; "Presencia protestante en el altiplano peruano. Puno,1898-1915. El caso de los Adventistas del Séptimo Día: actores y conflictos". Héctor Elías Núñez Núñez. 2008).



(Imagen: Indígena cusqueño. Martín J. Chambi Jiménez. Arqueologiadelperu.com)


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