UNA RÁFAGA LLAMADA FELIPE SANTIAGO (FIN)




(Imagen: Carta completa del general don Felipe Santiago Salaverry a su esposa, doña Juana Pérez de Palza e Infantas, antes de su muerte en Arequipa en febrero de 1836, en placa de bronce al Este de los Portales de la Plaza de Armas de la Ciudad Blanca).



Por Pedro José Cama


"Serían las 8 am, cuando (el presidente de Bolivia, general Andrés de) Santa Cruz recibió la noticia que el Ejército de Felipe Santiago marchaba en desfilada a ocupar los altos de Paucarpata...

"Recibió tal aviso, 2 horas antes de las que Felipe Santiago necesitaba para pasar el riesgo de salvar del ataque que podia hacérsele en la marcha...

"Conociendo Santa Cruz la buena posición que ocupaba en el panteón de la Apacheta, de donde no tenía mas que marchar en línea recta sobre Socabaya para alcanzar al Ejército Peruano y atacarle antes que ocupase las alturas de Paucarpata, dio orden en el acto a su ejército, que corriese a batir al ejército patrio en su marcha...

"La operación nada tenía de ingeniosa, pero era segura y hacía inevitable una batalla...

"Este inconveniente que preveía Felipe Santiago al salir de Uchumayo y que lo creía salvado por el derrotero de su marcha, no habría acontecido si accidentes extraordinarios no se le hubiesen presentado...

"En primer lugar la lluvia de la noche del dia 6 de febrero de 1836, y en 2º lugar, la demora en el movimiento de Tingo a Socabaya...

"Cuando notamos demora en este movimiento y pensamos que el hombre de la actividad lo producía, parece que fuese un sueño lo que pasara a nuestra vista...

"Nunca se le habia acusado de tal falta en toda su carrera militar, y ¡cosa extraña! ésta era la 1ª vez de su vida en que empleaba la calma.

"Pero ¿la empleaba voluntariamente.? ¿él era la causa de ella? A interrogaciones tales, debemos contestar exponiendo lo que debía haber sucedido...

"Felipe Santiago al llegar a Tingo previno que la tropa debía descansar algunas horas solamente y que en la noche debía pasarse el pueblo de Socabaya, para al amanecer, estar fuera del alcance de Santa Cruz...

"Para ello, encargó a sus ayudantes que le despertasen después que hubiese dormido una hora, porque estaba bastante fatigado con 4 días de trasnochadas...

"Dadas que hubo estas órdenes, el Jefe Supremo se entró a un granero y sin desnudarse, se arrojó sobre un alto de granos en donde se durmió profundamente...

"Cuando pasó el término señalado para que le despertasen, los encargados de recordarle sin pensar en lo grave que pudiera ser la demora y queriendo que Felipe Santiago descansase algún tiempo más y no saliese a recibir la lluvia que caía, prefirieron dejarle dormir hasta el amanecer...

"Estas consideraciones de afecto, hicieron que el Jefe Supremo despertase al rayar la aurora y a esa hora emprendiera la peligrosa travesía...

"Testigos hay de la incomodidad que tuvo con los que le habían dejado perder el más precioso tiempo...

"Por causa tan singular fue, que el Ejército Peruano se encontraba saliendo de la quebrada de Tingo con el Sol encima, siendo que a esa hora debía estar trepando las alturas de Paucarpata; pero ya que fue inevitable este contratiempo, Felipe Santiago confiando en poder realizar su plan, hizo continuar la marcha con la celeridad posible...

"Pero, ya era tarde tal operación, porque Santa Cruz había resuelto sorprenderle sobre su movimiento...

"Con esta convicción, mandó con suma rapidez que la columna de Cazadores ganase las altos de Paucarpata, adonde se acercaba Felipe Santiago precipitadamente...

"A esta fuerza siguió todo el ejército y en 40 minutos venció la legua (800 metros) de distancia que le separaba del panteón.

"Era necesario aprovecharse de la oportunidad de la sorpresa y de las posiciones forzadas que el ejército de Felipe Santiago tenia que tomar, no dándole tiempo a que su retaguardia y aún su artillería se reunieran...

"En consonancia con este plan colocó la columna de cazadores sobre la rampla de la loma, mandada por el teniente coronel Manuel Sagárnaga Arce y el comandante Buitrago...

"El batallón de la Guardia, a las órdenes del general José Ballivián y Segurola, apoyaba la izquierda, y el 2º del general, a las órdenes del general Francisco Anglada, la derecha.

"El batallón Zepita seguía de cerca al de la Guardia y el 4 de línea, á las órdenes del general irlandés a órdenes de Santa Cruz, Francis Burdett O'Connor, estaba destinado a reforzar el mandado por Anglada...

"Tres compañías del Arequipa a órdenes del coronel Peralta, fueron destinados a batir el flanco izquierdo del Ejército Peruano.

"El 6° batallón fue colocado a retaguardia de la Caballería, ocupando una altura, para servir de reserva...

"La Artillería se colocó en el centro de la línea...

"En este orden se dispuso Santa Cruz a recibir el ejército de Felipe Santiago que marchaba, como hemos dicho, en desfilada y por escalones, a causa de lo fragoso del camino...

"Fangos profundos, maizales espesos, tapias y cercas de propiedades particulares era el aspecto del terreno que se atravesaba.

"Al salir del desfiladero se encontraba a un lado una prominencia de 3 puntas llamada Tres Tetas (hoy Cerro La Campiña)...

"De allí sigue una llanura pequeña cubierta de chacras y sembrados que se interpone entre una loma que está entre el Este y Oeste de Arequipa; loma de insensible subida; pero pedregosa, que principia en el pueblo de Socabaya y va a terminar en los altos de Paucarpata,

"Su mayor anchura es de 3 cuadras y termina en quebradas pendientes para ambos costados..

"Allí debia tener lugar la batalla...", precisa el biógrafo del protagonista, el literato chileno don Manuel Bilbao...

Eran las 9 am del 7 de febrero de 1836...

La Columna Ligera del Ejército Peruano se encontraba sobre las alturas de Tres Tetas, esperando al resto de las tropas las cuales salían del fangoso desfiladero de aquel cerro.

"¡El enemigo!", gritó uno de los centinelas y el coronel peruano don Lorenzo Román González observó una masa compacta de bayonetas que adelantaba sus posiciones en Paucarpata.

"¿Han visto a los cuícos?", preguntó Felipe Santiago que llamaba así a los bolivianos. "Sí mi general", fue la respuesta.

De inmediato, Felipe Santiago ordena al jefe de la Columna Ligera que descendiese a ocupar la planicie que da subida al cerro Alto de la Luna, a unos 6 kms al Sur de la Ciudad Blanca (también La Campiña, la parte con La Villa El Golf a sus espaldas el día de hoy)...

Los 92 hombres de la Columna Ligera, con apoyo del batallón Chiclayo y el Victoria, se movilizaron al objetivo, pero los detuvo el río Socabaya; maizales y el tener que derribar tapias y cercos que limitaban una chacra de otra.

Las tropas bolivianas, en cambio sólo tuvieron que descender de Paucarpata sin obstáculo alguno, lo suficiente para que el coronel González se las encontrara organizadas, sin fatigas y en formación.

A las 10:11 am la columna de cazadores boliviana, tendida en guerrilla, rompió fuego sobre la Columna Ligera peruana que llegaba atropellada.

Los batallones Chiclayo y el Victoria avanzaron sin conocer el miedo por lo que la columna de cazadores boliviana dio un paso atrás y se desplegó sobre el resto de la 1ª línea, para contener a los peruanos a punta cañonazos y fuego de fusilería, para luego embestirlos a la bayoneta con el batallón de la Guardia y la columna del coronel Sagárnaga.

Felipe Santiago ordena atacar al 2º batallón de Carabineros y al escuadrón Húsares de Junín, junto al 1º de Carabineros el cual justo se unía al Ejército.

El glorioso escuadrón Húsares de Junín, al mando del coronel don Carlos Lagomarsino, embistió contra los bolivianos, apoyado por el 2° de Carabineros, a heroica bayoneta calada.

La columna del boliviano Sagárnaga, fue destrozada por completo y la carga peruana hizo huir al batallón de la Guardia altiplánica tras destrozar casi el 70% de su cuerpo.

Lagomarsino se encontró a espaldas del ejército enemigo, pero perdiendo a la mitad de sus hombres, ascendidos al rango superior de héroes, con sus caballos rendidos y sus 434 centauros casi muertos de extenuados...

Entonces, un extraño suceso ocurre: el 2º batallón de Carabineros se perdió entre los maizales de la campiña, al tomar desobedeciendo las órdenes de Felipe Santiago, enrumbando más hacia la izquierda, en lugar de apoyar la retaguardia de los Húsares de Junín.

Todo ese batallón se dispersó.

El 1° de Carabineros, se dejó vencer por el terror a la artillería enemiga y entró en desordenada fuga.

En cuestión de horas, Bolivia perdía 2 batallones y el Perú 4...

En el momento de los héroes, cuando más negros son los cielos de la Patria, aparecen los batallones Cazadores de Lima y de la Guardia; los Coraceros y los Granaderos del Callao...

Los Cazadores de Lima y de la Guardia al mando de sus jefes Ríos y Oyague, se arrojaron a la bayoneta con ímpetu tal, que los batallones bolivianos Zepita, 4º de línea y el mandado por Anglada tuvieron que detenerse para recibir la carga.

Estos batallones peruanos venían en columnas y desplegados por compañías abrieron fuego, cayendo sobre el enemigo, penetrando en sus filas y envolviéndoles en la maniobra que ejecutaban.

La confusión de los bolivianos, envolvió al resto de la infantería, teniendo que ponerse en fuga...

Sin embargo, en la gesta caen muertos los héroes peruanos el coronel don José Ríos y el teniente coronel don Juan de Dios Oyague...

La infantería boliviana como la peruana, desaparecieron del campo.

Dos escuadrones bolivianos se adelantaban por una quebrada y llegando repentinamente al punto del combate, sorprendieron al escuadrón Granaderos del Callao que se disponía a tomar parte en la acción.

Un oficial boliviano se adelantó y descargando un pistoletazo al mayor don Juan Vargas le mató, lo que hizo dispersar a su escuadrón...

Estos escuadrones continuaron avanzando, hasta que 2 escuadrones peruanos de Coraceros aparecieron saliendo de la quebrada del camino.

El primero, mandado por el coronel don Arturo Boza y el 2º por el coronel don Gregorio del Solar.

Boza cargó contra los bolivianos, arrolló a sus escuadrones en el acto; y envuelto con los dispersados, siguió en su carga hasta encontrarse con el resto de la Caballería boliviana y sin darle tiempo a que ésta se desplegara, la desbarató.

Los Coraceros siguieron adelante, hasta que el 6° batallón boliviano, oculto tras unas tapias, a mampuesto salió de debajo de la tierra, abrió fuego y mató a 45 centauros peruanos...

Boza rápido, se une al 2º escuadrón para continuar ofensiva, pero éste, en muestra de cobardía le dio la espalda y tocó retirada.

Felipe Santiago incrédulo, tomó una lanza y empezó a retener a los cobardes que huían cuando la victoria estaba al alcance de la mano, ordenaba que volvieran a sus puestos y al que lo ignoraba también ignoró su vida pues el presidente lo atravesaba entre pecho y espalda...

El presidente del Perú no pudo cambiar el sino de la historia.

El contraataque boliviano no se hizo esperar y a las 11:15 am , el ejército de Santa Cruz perseguía y asesinaba a los soldados peruanos en retirada, y heridos o muertos los lanceó, sobre todo a los de Caballería, sus jefes y oficiales.

El número de muertos, dice el parte de Santa Cruz fue de 242 bajas por parte de él y 188 heridos; y por parte de Felipe Santiago, 600 bajas y 330 prisioneros.

Felipe Santiago nunca desmintió tales cifras, que siempre se cuestionó por abultadas y la mayor parte de bajas peruanas fueron después de la batalla.

"Por la tarde de ese mismo día (7 de febrero de 1836), el ejército de Santa Cruz, junto con la división Quiroz (que llegó en los últimos momentos de la batalla y de la cual un escuadrón de Caballería alcanzó á tomar parte), regresó a Arequipa conduciendo amarrados y en filas a los prisioneros de Felipe Santiago...

"El pueblo arequipeño le recibió con entusiasmo, arrojando flores sobre el conquistador, para cubrir las cadenas y la ignominia que aceptaban con ignorancia...

"El triunfo de Socabaya no era el final de las glorias que Santa Cruz recogía, faltaba aún un crimen mayor para coronar su obra, para plantear la Confederación...", anotaba un amargo Bilbao.

Eran las 5 pm, cuando Felipe Santiago, a unas 7 leguas de Socabaya (34 kms), acompañado por 4 oficiales, se detuvo cuando intentaba llegar al mar.

Tomó agua de un arroyo, esperando que una recua de ganado despejase el camino, y se quebró ante uno de los oficiales: "¿crees por un momento que la batalla se hubiese perdido, sino hubiere sido por la traición de ese malvado (Mendiburu quien ordenó abandonar a los Coraceros de Boza)?", dando la espalda a éstos para llorar quedo.

Felipe Santiago pudo llegar a la periferia de Islay (Arequipa), pero espías de Bolivia, lo denuncian y 2 dragones del general británico a órdenes de Santa Cruz, William Miller, tocan la puerta donde se hospedaba el presidente del Perú y le comunican que estaba detenido y garantizada su vida, por la que dio su palabra el militar inglés.

Ni bien Felipe Santiago fue confinado en Arequipa, Santa Cruz nombró 20 oficiales de su ejército para que formasen un Consejo permanente, presidido por el general Anglada; con el fin de juzgar á los generales, jefes y oficiales prisioneros según el decreto de guerra a muerte dado en 29 de agosto de 1835, a pesar que Felipe Santiago había acordado con aquel la regularización de la guerra, semanas antes (documento con firmas de los presidentes del Perú y Bolivia, fue roto, literalmente, por Santa Cruz).

Para dicho consejo, mero apéndice de la voluntad del presidente boliviano, desconoció el compromiso de Miller y como única prueba haber estado al servicio de Felipe Santiago, condenó uno por uno, a la pena capital.

"Cuando llegó la audiencia de Felipe Santiago, se negó a reconocer la autoridad del consejo frente a él.

"Habló largo rato con calor y energía y enseguida se retiró protestando del juicio...

"Cuando hubo salido de la sala, el presidente Anglada, sin tomar votación a los señores del consejo, se encerró sólo, y redactó la sentencia de muerte.

"Cuando estuvo concluida, se llamó a los miembros para que la firmasen. Todos llegaron a la mesa y pusieron sus nombres, excepto el coronel don Baltazar Caravedo que se opuso, alegando que no podía dar su firma en un fallo que no había dado; que el consejo no podía condenar a Felipe Santiago, por no estar puesto su nombre en la lista de los mandados encausar y sobre todo, que era inútil el juicio teniéndose presente él decreto que se mandaba aplicar; porque en el estaban los reos condenados de antemano...

"Anglada se enfureció con estas observaciones y ordenando obediencia ciega, Caravedo firmó, poniendo al pie de la sentencia su voto, las observaciones antedichas.

"Por esta causa, fue destituido de su empleo y perseguido...

"Concluidose que hubo el primer juicio, se pasó el proceso a Santa Cruz para que lo confirmase, y él con fecha 18 de febrero de 1836 lo hizo diciendo:

"Apruebo las sentencias de muerte pronunciadas contra los reos Salaverry, Fernandini; Solar; Rivas, Cárdenas; Carrillo; Valdivia Moya y Picoaga" conmutando la de los otros, en 10 años de presidio...

"Todas las sentencias qué condenaban a muerte a estos prisioneros se fundaban en el decreto del 29 de agosto de 1835 que declaró la guerra a muerte a Felipe Santiago y a sus partidarios de acción.

Los otros fundamentos que Santa Cruz expuso, no ( podían tener lugar, desde que Felipe Santiago aparecía como jefe del Perú y no como un cabecilla de revolución...

"Los pueblos le habían reconocido en el carácter de jefe Supremo; por consiguiente, para que la muerte decretada no fuese un acto arbitrario, necesitaba subsistir la declaración de guerra á muerte...

"Por la regularización que se hizo de ella en Uchumayo, tal declaración había quedado sin efecto; y aun subsistiendo, él convenio de Miller hacia variar la escena, porque ya había un pacto de seguridad individual.

"Por estás 2 razones especiales sin tener en consideración las prescripciones Derecho de Gentes, la condenación a muerte de Felipe Santiago y compañeros no tenia otro fundamento que la arbitrariedad, la escandalosa infracción de las leyes y principios y de la palabra de Miller y de Santa Cruz.

"No podía considerarse sino como un asesinato; un asesinato indisculpable cuyo autor era Santa-Cruz y cuyos verdugos eran los Miembros del Consejo; un asesinato y como a tal lo clasificamos a nombre de la historia y a nombre de la civilización para castigo de los que lo perpetraron y como un holocausto rendido a la justicia y a las víctimas inmoladas por la defensa de la Patria...

"¡Única recompensa que reciben los que orlados de laureles, pasan a la inmortalidad sacrificados por los déspotas! ¡Estos recogen la infamia para cubrir sus sepulcros! ¡aquellos la gloria!", condena Bilbao.

Al conocer el infame decreto del caudillo invasor, Felipe Santiago en la capilla de la Catedral de Arequipa, escribe 2 cartas:

"Mi querida Juana...

"Dentro de 2 horas voy a morir asesinado por Santa Cruz y quiero dirigirte mis últimos votos.

"Te he querido cuanto se puede querer, y llevo a la eternidad un pesar profundo de no haberte hecho feliz.

"Preferí el bien de mi Patria al de mi familia, y al cabo no me han permitido hacer ni uno ni otro.

"Educa a mis hijos, cuida de ellos; tu juicio y tu talento me lo dejan esperar.

"No te abatas, que la desgracia es compañera inseparable de los mortales.

"Sé feliz cuanto puedas, y jamás olvides a tu caro esposo...

"En la Capilla en Arequipa, Febrero 18 de 1836".

Tras la misiva a su esposa, doña Juana Pérez de Palza e Infantas, Felipe Santiago escribió a los peruanos:

"Protesto ante mis compatriotas, ante la América, ante la historia y la posteridad mas remota del horroroso asesinato que se comete conmigo...

"Habiéndome entregado espontáneamente al general Miller, él me ha presentado como prisionero a Santa Cruz, que sobre cadáveres peruanos quiere cimentar su conquista...

"Yo debia haber sido juzgado conforme a las leyes de mi país, y no por un tribunal de esclavos que me ha condenado sin oirme.

"He sido arrastrado a un consejo de guerra verbal, ante quien solamente protesté de su incompetencia, y la imposibilidad de vindicarme a tan larga distancia de mis papeles justificativos; me retiré después y he sido condenado...

"¡Peruanos....! ¡Americanos...! ¡A Hombres todos del Universo....!

"Ved aquí la bárbara conducta del conquistador, con un peruano que no ha cometido delitos; que no ha tenido otra ambición que la felicidad y la gloria de su Patria, por las cuales combatió hasta el momento de su muerte: ved aquí cuán horribles son los primeros pasos del que ha jurado enseñorearse del Perú destruyendo a sus mejores hijos...

"En la Capilla de Arequipa, Febrero 18 de 1836".

Eran las 5 pm del 18 de febrero de 1836, los 9 peruanos condenados fueron sacados a la plaza de Arequipa para ser fusilados.

A esa hora, el presidente de Bolivia, general Andrés de Santa Cruz se encontraba comiendo en una chacra próxima a la Ciudad Blanca.

Felipe Santiago iba delante ellos, apoyado en un bastón y cojeando de una pierna que tenia herida, al caerse de su caballo.

Vestía en aquel momento el uniforme de la Legión Peruana, y una gorrita redonda cubría su cabeza.

Cuando todos hubieron llegado a sus asientos, cada uno fue colocado según su graduación.

Fernandini quedó al costado de Felipe Santiago.

Tan pronto tomaron asiento, la tropa boliviana empezó a descerrajar tiros de uno en uno, derribándolos.

Antes de que llegase su turno, Fernandini, pidió reconciliarse con Dios y cuando un sacerdote se sentó a su lado, Fernandini hincándose a sus pies, en vez de confesarse empezó a correr escapando del pelotón de fusilamiento.

Un arequipeño lo cogió del cuello y una turba lo linchó a pedradas y palazos, al compás de los disparos asesinando a los principales lugartenientes de Felipe Santiago, por parte de soldados bolivianos.

El presidente del Perú, observando a los invasores bajar sus fusiles para recargar, se paró del banco y extendiendo el brazo exclamó: "'.Soldados! No me conocéis? qué, no sabéis á quien fusiláis"...

Los soldados bolivianos se quedaron quietos, bajando sus fusiles en posición de descanso, por lo que tuvo que correr un oficial invasor para increparles y ordenó a un sargento que terminase de cumplir la orden.

Este sargento levantó su fusil y disparó...

Felipe Santiago no cayó por la patada del impacto que le hizo virar el cuerpo, por lo que todo el pelotón abrió fuego casi a quemarropa...

El presidente del Perú, general don Felipe Santiago Salaverry del Solar, murió como todo soldado peruano: de pie y combatiendo, a los 29 años y 11 meses de edad.

Aunque gobernantes ignorantes han hecho abundar de monumentos al asesino de Santa Cruz y escasean los de Felipe Santiago, su nombre jamás es olvidado por los peruanos, ya sea en una caleta, una calle, un puerto, un distrito o una provincia.

Van a pasar casi 200 años, la Historia lo menciona al vuelo, pero la memoria colectiva nacional lo cuida como un instinto de preservar lo mejor de cada uno de nosotros.

(Fuente: "Historia del General Salaverry". Manuel Bilbao. 1853).


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