UNA RÁFAGA LLAMADA FELIPE SANTIAGO (V)




(Imagen: Doña Juana Pérez de Palza e Infantas, esposa de Felipe Santiago. Álbum familiar de doña Alba Susan Arboleda. Geni.com)

Por Pedro José Cama


Felipe Santiago era preso de nuevo e iba camino de Paita (Piura) a inicios del año 1834.

Arribó encadenado en una calurosa noche piurana, ante el despacho del jefe de Estado Mayor, coronel don José Ildefonso Coloma, contra quien combatió en Moche, meses antes.

Coloma llevó a Felipe Santiago ante el general Juan de Vidal La Hoz, pero lejos de referir al sublevado para un proceso sumario, Coloma "llamó a un lugar solo a Vidal y allí le pidió salvase al revolucionario que estaba condenado a muerte.

"Vidal se sorprendió, meditó un momento y allanadas las dificultades por Coloma, el general accedió a la súplica de su compañero de armas...

El presidente del Perú, general don Agustín "Gamarra había dado orden para que en donde tomasen a Felipe Santiago le fusilasen y esta orden que databa y había sido repetida desde la sublevación de Chachapoyas (en setiembre de 1833) vino a quedar sin efecto, gracias a la generosidad de los que estaban encargados de cumplirla...", señalaba el autor de la biografía de nuestro protagonista, el literato chileno Manuel Bilbao.

El general Vidal ocultó a Felipe Santiago de la tropa, y lo escondió en la casona donde pernoctaba él mismo en Paita. Aquí narra Bilbao:

"En una de las noches que Vidal dormía, Felipe Santiago le llamó hasta despertarle. El general al responderle le pidió que le dejase dormir...

"Felipe Santiago le interrumpió 'naciéndole una observación. Sobre la mesa de la pieza se encontraba una espada y un par de pistolas; mirando hacia ellas, Felipe Santiago desde la cama, le dijo:

" 'General, dicen que yo soy sanguinario y si lo fuese, muy bien que podría haber tomado esa espada y matándole, seguro que haría la revolución en su tropa...'

Vidal se vistió apurado y no durmió toda la noche, mientras Felipe Santiago se reía quedito de su oponente.

Al día siguiente, se le habilitó a Felipe Santiago de ropa, algo de dinero y se le embarcó en el bergantín peruano de comercio "El Dragón" para ser trasbordado á un ballenero que le alejase del territorio peruano.

Felipe Santiago, con ese don de "energía creativa" que tenían todos los "hombres representativos" según filósofo don Thomas Carlyle, convenció al capitán de "El Dragón" virar su ruta al puerto de Lambayeque.

El general Vidal, traumatizado con la astucia de Felipe Santiago, no le perdió de vista y avisado del cambio de rumbo de "El Dragón", ordenó a su tropa movilizarse a Lambayeque y apeándose en la playa, se puso a esperar el arribo del bergantín; mas la esposa del revolucionario se encontraba en aquel punto esperando también al hombre que debía ser inmolado...", relata Bilbao.

"Y cuando Vidal se prestaba a tomarle, la esposa (doña Juana Pérez de Palza e Infantas), buscó a uno de los indios que se internan en el mar confiados en balsas pequeñas de totora; le habló con interés, le manifestó algunas monedas de oro y luego le comprometió a ganarlas, si llevaba un aviso al primer buque que asomase en el horizonte de la bahía...

"El indio convino y a eso de las 2 am, merced á lo oscuro de la noche, el indio avistando la embarcación marchó a llenar su compromiso.

"Avisado Felipe Santiago del peligro, hizo cambiar de rumbo al bergantín, dirigiéndose a la caleta de San José (12 kms al Oeste de la ciudad de Chiclayo y a 10 kms al Suroeste de Lambayeque).

"Tal actividad por parte de la esposa de Felipe Santiago, encendió la cólera del general Vidal, de donde emanaron algunos sufrimientos para ella...(no especifica Bilbao sobre qué sufrimientos fue víctima doña Juana Pérez)...".

Vidal retornó a Trujillo y allí proclamó presidente provisorio del Perú, al general liberteño, Luis José de Orbegoso y Moncada Galindo, un completo petimetre, el 4 de febrero de 1834.

Gamarra envía un ejército al mando del general tarmeño, don Pedro Pablo Bermúdez Ascarza, para espantar las ambiciones del petimetre de Orbegoso y su titiritero, Vidal.

En ese trance, Felipe Santiago, con unas monedas en el bolsillo, solo èl y su alma, ingresa y convoca al pueblo de San José de Chiclayo, y llamó a la revolución contra Gamarra. Un loco no se hubiera atrevido a tanto.

Tenía a un tiro de piedra a mil hombres armados con órdenes de enviarlo, sin escalas, al otro mundo, y un ejército viniendo desde Lima, con también entre sus órdenes, sacarlo del camino.

Pero Felipe Santiago logró reunir algunos hombres del pueblo, armados con palos y escopetas "y se dirigió a San Pedro de Lloc (a 83 kms al Norte de Trujillo) en busca del peligro...

"La noticia del desembarco llegó á Trujillo y el solo nombre de Felipe Santiago produjo el estallido de la revolución...

"El batallón Zepita, dirigido por los tenientes González y Collazos, se pronunció a favor de las masas que acudían a las calles, dispuestas a batirse si los veteranos se resistían...

"Apresaron al comandante limeño José Rufino Torrico de Mendiburu y luego se encaminaron nominaron a aprehender al general Vidal; mas éste logró escapar a Santa (115 kms al Sur de Trujillo) auxiliado por el cuerpo de Granaderos que se resistían al empuje del pueblo...

"Inmediatamente la noticia de! pronunciamiento fue recibida por Felipe Santiago, quien sin pérdida de momentos se dirigió a la Capital del departamento a encargarse del mando de las fuerzas que habían seguido el movimiento.

"En esta marcha se le presentó el comandante Torrico, fugado de la prisión, y en vez de hacerle mal, 1e dejó la libertad de irse a Lima...", recoge Bilbao en su obra publicada en 1854.

Felipe Santiago ingresó por 2a vez a Trujillo a mediados de febrero de 1834, y en pocos días formó una división en toda la regla, marchando a Huamachuco para ponerse a las órdenes de Orbegoso (pues iba a derrocar a Gamarra, quien quería a nuestro protagonista en el paredón) .

Pero antes, rescata Bilbao, una nota de Felipe Santiago, dirigida a la Municipalidad de Trujillo:

"A la Honorable Municipalidad de esta ciudad:

"Ocupada la capital del departamento especialmente por los esfuerzos, patriotismo y decisión de los ciudadanos de este Honorable Cuerpo, una primera obligación y un deber muy agradable es manifestarle la gratitud pública, del legítimo gobierno y la mía propia..

"Hace 16 días, que solo e inerme me arrojé a las playas de San José con el objeto de salvar al departamento de los esfuerzos de la guerra, para sostener su voluntad pronunciada de defender las leyes, y para ponerme a la cabeza las fuerzas que pudieron de pronto reunirse para hacer frente a los que la oprimían...

"En tan breve tiempo se ha libertado Trujillo, se han incorporado a nosotros y reconocido a S.E el Presidente provisorio: el 2º Escuadrón de Granaderos del Callao ahora constante de una fuerza respetable, el 2º del Zepita, la compañía Pichincha que guarnecía a Piura y dos mitades de la Caballería que también ha dado esa misma provincia...

"Encontrándome por esta repetición de sucesos importantes en aptitud de marchar sobre Gamarra y Bermúdez y de garantizar con seguridad su destrucción.

"Estos sucesos son debidos exclusivamente al buen sentido de los hijos de La Libertad, al entusiasmo que han desplegado en estas circunstancias, al empeño con que tomaron todos la salvación de la Patria y la reivindicación del Honor Nacional; al noble comportamiento con que han corrido a las filas por empuñar la lanza , o han proporcionado abundantemente los elementos de guerra, los medios de subsistencia, y todo lo correspondiente a vestuario, armamento y los haberes del soldado.

"Una conducta tan heroica si es digna de los pueblos civilizados que conocen y saben apreciar sus derechos no lo es menos de ocupar una página brillante en nuestra historia.

"AÍ marcharme sobre Huamacucho que es la única provincia que sufre aún a los que siguen a Bermúdez, creo de obligación despedirme de los trujillanos por conducto de esta Honorable Municipalidad, prometiéndoles que el Sol de la Libertad no alumbrará ni un día más a los que profanen este hermoso suelo, y que no desmayaré mientras haya uno solo sobre la superficie peruana.

"Dios guarde etc.

"Trujillo a 16 de Febrero de 1834"

Felipe Santiago entraba a galope tendido de ser un cadete de batallón, a ser un nombre, bajo cuya mención, movía al pueblo a querer algo más, mejor y prometedor para su tierra, su república.

Y para ello, si era necesario un huracán arrasador, bienvenido sea. A seguirlo.

(CONTINUARÁ)

(Fuente: "Historia del General Salaverry". Manuel Bilbao. 1853)

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