MIRÁNDOSE AL ESPEJO DE MANUEL PARDO
Tres de 15 candidatos a la presidencia del Perú repiten su discurso, deberían ver lo que enfrentó
(Imagen: Lienzo del presidente del Perú, don Manuel Pardo y Lavalle. 1872. Archivo Courret-Biblioteca Nacional del Perú).
Por Pedro José Cama
Don Manuel Justo Pardo y Lavalle, lejos de ser el 1er presidente de la República civil de la Historia del Perú, donde es empaquetado y limitado por Bruño o los textos escolares hasta nuestros días, fue un peruano que intentó implantar en su país, el gobierno gerencial y práctico, sin ideología, ni revoluciones a la nada, sino con sentido común, tecnología e industria...en la 2ª mitad del Siglo XIX en el Perú.
Esos puntales el que escribe los ve repetidos en 3 de los 15 candidatos a la presidencia de la República, para los comicios de abril del 2021. No diré cuáles para no llevar esta crónica y consejo por el lindero irracional de los odios y los fanatismos. Creo que, al leer las próximas líneas, ustedes mismos los identificarán.
Don Manuel fue hijo de don Felipe Pardo y Aliaga, político reaccionario pero valioso literato costumbrista junto a don Manuel Ascencio Segura, y de doña Petronila de Lavalle y Cavero, nacido entre las calles San José y Santa Apolonia (hoy esquina jirón Junín con Lampa, Lima) en agosto de 1834.
Al ser su padre, nombrado embajador peruano en Chile, por el general don Felipe Santiago Salaverry en 1835, pasó niñez y adolescencia en dicho país, que lo marcó en lo educativo profundamente, tanto en la Escuela Comercial de Valparaíso, como en el Instituto Nacional de Chile, bajo el rectorado de don Antonio Varas de la Barra, educador, ministro, senador y diputado chileno, quien le orientó hacia aquel lema "Libertad dentro del Orden", promoviendo la inmigración alemana en Chile y fundando la 1ª Caja de Crédito Hipotecario en dicho país en 1855.
Don Manuel Justo retornó a Lima en 1853 tras culminar sus estudios Literatura y Economía Política en el Collège National (hoy Collège de France-Colegio de Francia), que reforzó su pensamiento orientado hacia las aplicaciones prácticas de la economía, pero adaptadas a la realidad peruana.
Un amago de tuberculosis, obliga a don Manuel viajar de urgencia a Jauja (Junín) en 1857, donde permanecerá 1 año, mejorando gracias al clima templado, aire puro y seco de los Andes Centrales.
Allí llevaría al papel los puntales de su pensamiento político, de lo que consideraba el camino que llevaría a ese Perú ideal que imaginaba.
En 1862 publica su ensayo "Estudios sobre la Provincia de Jauja"...y es aquí donde aquel año y el 2021 se juntan en un sólo discurso de los 3 candidatos presidenciales actuales.
“Hemos perdido 15 años de guano, pero nos quedan 10 o 12 todavía...
"Hemos derrochado 150 millones, pero quizás nos quedan otros tantos...
"Abramos pues los ojos, no malgastemos, no derrochemos como locos…
Salvemos algo del naufragio; salvemos 3 ó 4 millones siquiera del temporal deshecho que corremos, y con 3 ó 4 millones solamente, cada año durante un solo decenio, podría responderse por la prosperidad eterna del Perú...", sostenía don Manuel ante el saqueo de los ingresos multimillonarios durante el boom del fertilizante guanero, los cuales jamás se tradujeron en escuelas, caminos u hospitales.
"Con 3 ó 4 millones que se dedicasen anualmente a favorecer la construcción de grandes líneas de caminos estaría asegurado el porvenir de nuestro país”, proponía casi como un ruego don Manuel Justo hace 159 años atrás.
En sus “Escritos sobre la provincia de Jauja” de 1860, anotaba:
“Si los ferrocarriles están llamados a ejercer una misión de resurrección en los desiertos salvajes de la América, no lo están menos a efectuar una revolución moral e intelectual en las masas atrasadas que forman el grueso de nuestra población...
"Este benéfico influjo lo ejercerán las vías de comunicación de 2 maneras...
"Una, dando movilidad a los hombres, que hoy pasan su vida y mueren clavados como las piedras o las plantas en el punto en que la Naturaleza los echó...
"La movilidad para ellos es por lo pronto la libertad material y un principio también de libertad moral, en cuanto a que les desata las ligaduras con que la inmovilidad los tenía sujetos: la movilidad les trae también la ilustración; no, sin duda, la ilustración de los libros de las teorías, sino la ciencia práctica de la vida que da el trato frecuente con los hombres...”
Allí marcaba distancia don Manuel con los políticos y caudillos de su época...pensaba en soluciones prácticas para el beneficio real de las personas, sin orlas ni tafetanes, poemas o prosa.
Y aquí, en un fragmento, rompe el molde con un reclamo que si cualquiera lo lanzara hoy, millones lo suscribirían:
"¿Por qué es opulento el gobierno y el hombre del pueblo es pobre?
"¿Por qué en lugar de abrirle su camino y de protegerlo en su trabajo se le toma de leva (ejército)?
"¿Esas riquezas de quién son? ¿Esos caudales para quién son?
"¿No son esas riquezas del Perú? ¿Y por qué no soy yo rico; y por qué no adelanta mi provincia?
"Y ¿por qué se arruina la escuela y no hay quien la levante; y por qué se despeñan mis cargas y no hay quien me abra el camino; y por qué se ahogan mis bestias y no hay quien haga puentes; y por qué en vez de un hijo que tenía de soldado me toman ahora 2?"
Tras la sublevación nacionalista de 1865 contra el régimen del general Juan Pezet Rodríguez de la Piedra, por claudicar la soberanía y dignidad nacional ante la captura española de las Islas guaneras de Chincha en 1864, don Manuel ocupa la secretaría de Hacienda en tiempos de guerra contra España, cuya armada es expulsada en el Glorioso Combate del 2 de Mayo de 1866, en el Callao.
En dicho cargo aplicó una política que lo enfrentaría a la purulenta clase dirigente nacional.
"Queremos se admita la necesidad que por lo menos, nuestros gastos ordinarios, necesarios, sean efectuados con entradas propias, independientes de los productos del guano...
"El Perú, cuyo porvenir económico y fiscal, industrial, mercantil y social, se descontaba para vivir unos pocos meses, se vio lleno de orgullo en la cima de ese edificio (del boom del guano), y despertó sólo al estrépito del edificio derrumbado…
"Esos excesos señores, no se pueden cometer en países que viven del impuesto; eso sólo se puede con haciendas basadas en aquello que no cuesta nada a nadie...
"Es necesario crear producción, crear riqueza para poder hacer frente con ella, más tarde, a los gastos del Estado...
"Crear retornos que suplan el guano, crear rentas fiscales que reemplacen la del guano; he aquí el problema...
"Fomentar la producción nacional; he aquí la solución", proponía don Manuel
Esa reforma fiscal y tributaria le ganó enemigos políticos y personales, sobre todo cuando dijo: “la Representación Nacional (Congreso), el país mismo se sublevó contra ese orden de cosas, se exasperó de que se le condujese por ese camino estrecho y reaccionó para tomar el más ancho y el más cómodo, que había recorrido antes...
"El Perú se había convertido en una asociación de holgazanes y logreros”.
Don Manuel marcó así su destino peligroso, el cual detuvo las manecillas del réloj cuando el régimen del infame coronel Mariano I. Prado Ochoa fue depuesto en 1868.
Pero al asumir la alcaldía de Lima en 1869, fundar el Partido Civil en 1870 y candidatear a la presidencia del Perú en 1871, ese destino volvió a marcar con sus manecillas, sus segundos y minutos.
Don Manuel Justo nunca debió llegar a Palacio. Ex caudillos y el mismísimo ministro de Guerra, coronel Tomás Gutiérrez lo quería muerto y ese era el plan cuando se reunió con el presidente de turno, coronel don José Balta Montero, pero éste lo impidió.
Los que terminarían muertos fueron Gutiérrez y Balta en julio de 1872, éste a manos de aquel y aquel a manos del pueblo limeño que lo linchó y colgó en una de las torres de la Catedral de Lima.
Y en esos tiempos sombríos y violentos, don Manuel asumía la presidencia del Perú al ganar las elecciones de 1872 las cuales quizo desconocer el ministro Gutiérrez.
En su presidencia poco pudo hacer ante un Tesoro Público en desfalco, una deuda externa asfixiante y una pobreza galopante.
Don Manuel insistió en la frustrada reforma fiscal de 1865, ya que la concebía como "la transformación de la organización especial de nuestra sociedad, acostumbrada a vivir, por 16 años de imprevisión, a no contribuir a los gastos de la administración y a vivir, por el contrario, más o menos directamente de los recursos fiscales, haciendo del Fisco la fuente y no el resultado de la riqueza pública”.
Estableció la descentralización fiscal para una mayor recaudación de impuestos en todo el país, pero no rindió resultados, por lo que estableció que cada departamento administrara sus propias rentas, como Consejos Departamentales.
Propuso al Congreso gravar la exportación de una nueva fuente de riqueza providencial, el salitre, que se explotaba en Tarapacá e increíblemente, su explotación no pagaba tributos.
Los salitreros presionaron al Congreso, el cual montó el negociado del Estanco del Salitre en 1873, es decir, la compra por parte del Estado a los salitreros de toda su producción a un precio fijo, para luego venderla a mayor precio a los consumidores, pero al final, los salitreros vendieron sus compañías al triple de lo que invirtieron en ellas.
Don Manuel Justo redujo los gastos públicos, tanto que ni residió en Palacio y despachaba en su casa.
Urgido de recursos con un país prácticamente esquilmado desde 1826, cometió el error de confiar en el delincuente ex mandatario Mariano Prado como agente en Europa en búsqueda de remplazar a la corrupta consignataria francesa Casa Dreyfus, y aquel firmó un nuevo contrato con la Casa Raphael e hijos, en sociedad con Carlos González Candamo y Arturo Heeren, quienes fundaron la compañía The Peruvian Guano en junio de 1876.
Era cambiar de lobos a chacales.
Lo poco que pudo ejecutar don Manuel Justo, mientras sobrevivía a 2 atentados contra su vida, y sofocaba 2 rebeliones del ex ministro de Hacienda de Balta, Nicolás de Piérola (quien gestó el Contrato Dreyfus), fue municipalizar la educación pública, la cual establece como gratuita a nivel primaria.
Creó la Facultad de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de San Marcos en 1875 (actual Facultad de Ciencias Económicas), campus histórico al que le otorgó el grado Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Fundó la Escuela de Ingenieros Civiles y de Minas (hoy la UNI) y la Escuela Normal de Mujeres de Lima, en la iglesia de San Pedro.
Fomentó la inmigración europea, autorizando en 1874 la llegada de 3 mil inmigrantes austríacos que levantaron en la región de Chanchamayo (ceja de selva en La Merced, Junín) los pueblos de Oxapampa y Pozuzo, hoy 2 ciudades prósperas y atractivo turístico nacional, donde residen los descendientes directos de los primeros inmigrantes venidos del Tirol.
Organizó la Dirección de Estadística, anexa al Ministerio de Gobierno y Obras Públicas, la cual realizó en 1876 el 1er Censo General de la República, elaborado de manera técnica, pues antes se realizaba como se dice vulgarmente, a ojo de buen cubero.
Creó los Registros Civiles en las Municipalidades, restableció la Guardia Nacional (hoy Policía Nacional); reglamentó el servicio de Correos para mejorarlo y mandó construir su edificio en la calle Correo (hoy 1a cuadra del jirón Conde de Superunda) convertido ahora en museo; inauguró los ferrocarriles de Arequipa a Puno, de Ilo a Moquegua, de Pacasmayo a Chilete (Contumazá-Cajamarca) y de Salaverry a Ascope (La Libertad), y se continuó la construcción del ferrocarril central a La Oroya (Junín).
Por último, oficializó la creación de los departamentos de Lambayeque; Apurímac; Moquegua y Tacna.
Al culminar su período cediendo la banda presidencial a uno de los peruanos menos indicados, Mariano Prado Ochoa en 1876, don Manuel Justo recordaría su ensayo que nació en Jauja en 1857:
"El comercio internacional se ha convertido hasta hoy a dar impulso y pábulo a las pasiones políticas, menos aún que a las pasiones políticas, a las ambiciones personales...
"El bien público, la mejora moral de nuestros pueblos, su progreso material, la prosperidad en general de la Nación, todas ésas, han sido cuestiones muy secundarias para nuestros políticos...
"El comercio internacional ha dado el pequeño impulso que se ha sentido; y lo ha dado sosteniendo una lucha obstinada con la indolencia de la raza en todas las esferas, de las administrativas para abajo; él, sin dirección y sin guía, ha dado cima a las poquísimas empresas que acusan algún progreso en el Perú".
Don Manuel Justo fue perseguido por Prado, quien no pudo evitar sea elegido el ex presidente como senador de la República, por lo que tras conversar ambos, pudo retornar al Perú para asumir la presidencia del Senado en setiembre de 1878.
El 16 de noviembre de 1878, cuando ingresaba a dicha Cámara (en el ahora Museo de la Inquisición), don Manuel Justo Pardo y Lavalle sintió como una patada en la espalda. Un balazo había perforado su pulmón derecho, se intentó apoyar en uno de los muros, pero al final se desplomó.
El sargento del Batallón Pichincha, Melchor Montoya fue el asesino, pero era el último eslabón de una cadena conspirativa que iba hasta Piérola y hasta Prado, mejor dicho, los intereses económicos tras ellos, a los que no convenía un Perú industrializado, sino uno empobrecido y explotable dominado por oligarcas y caudillos.
Agonizó 1 hora entera y falleció donde le dispararon, con 44 años recien cumplidos.
A los 3 candidatos cuyos discursos y planes se asemejan a los del ex presidente Pardo, veánse en su espejo. Vean en quiénes confió y se equivocó. Revisen lo que pensó encontrar y lo que la realidad le deparó. Desháganse de aquel dicho: "A enemigo que huye, puente de oro" y desháganse de sus enemigos, porque ellos son enemigos del Perú a rabiar, y si ustedes tienen el mismo ideal y propósito de don Manuel Justo, serán sus enemigos y sus asesinos mediatos o inmediatos.
Que no les quepe duda. Mírense en el espejo de don Manuel Pardo y Lavalle.



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