UNA RÁFAGA LLAMADA FELIPE SANTIAGO (IV)



(Imagen: Acuarela de la Ciudad de Trujillo. Siglo XIX. Ivanlariva.blogspot.com)



Por Pedro José Cama



Felipe Santiago, fue trasladado siempre como prisionero y acompañado de su esposa, doña Juana Pérez, "al Huallaga" (San Martín), quizás Saposoa o Juanjuí, en ese momento "una pequeña aldea que distaba 256 kms al Sur del río Marañón", describía el biógrafo de nuestro protagonista, el historiador chileno, don Manuel Bilbao.

"El prefecto, no teniendo fuerzas para hacerse respetar de los confinados y resuelto a poner a Felipe Santiago al otro lado del expresado río, mandó pedir tropas al gobierno para llevar a efecto la orden que Felipe Santiago había rehusado cumplir, por no exponerse él y a su esposa a caer en manos de los salvajes adonde queria destinársele...

Felipe Santiago, era como todo violento fenómeno de la Naturaleza, impredecible.

Eran fines de agosto de 1833, alguien tocó la puerta del prefecto en Chachapoyas (Amazonas), quien al abrirla, se encuentra cara a cara con quien debía estar preso en el Huallaga.

Felipe Santiago, con 10 hombres armados esperándolo en la calle. Como si fuera una visita social, todo se llevó con cortesía y un diálogo civilizado, hasta que el teniente coronel le dijo al prefecto: "Si no salgo en un cuarto de hora, mis hombres entraran a viva fuerza y no respetará ser viviente"...

Acto siguiente, con una gélida calma, le solicitó al prefecto su cargo y que se considerase desde ese momento, preso.

La autoridad, un teniente apellidado Rivero, se puso arisco en un primer momento, pues tenía unos 5 guardias escondidos en una habitación de su casa, sin embargo, observó la mirada decidida de Felipe Santiago, con más batallas que 10 oficiales juntos, la cual ya había vencido a la duda y al miedo, la cual no amenazaba, sino te advertía lo que realmente iba a pasar, renunció al cargo y se declaró preso en el acto.

Felipe Santiago, casi de inmediato, se dirigió a la guarnición del pueblo, "la cual sólo contaba con 30 fusiles descompuestos; con indígenas que nunca habían manejado armas de fuego y mucho menos aprendido los rudimentos de un recluta...

"Era casi una locura pensar que allí se podían levantar fuerzas que pudiesen contrarrestar, no digo a un batallón,a una compañía si se quiere; mas el conspirador se propuso crear lo que no existía y al fin de un mes el resultado fue que tuvo fuerzas...

"Los indios le querían y voluntariamente se le presentaron en crecido número a servir bajo sus órdenes con la expresa condición que no los sacase del departamento...

"Tenía gente pero no tenía armas y para suplir ésta faltase vio a Felipe Santiago entregado desde el amanecer a la compostura, construcción y fabricación de los artículos de guerra más indispensables...

"Montó 2 cañoncitos que estaban abandonados; con sus propias manos quebraba piedras de chispa que recogía de un cerro inmediato; dirigía y aún trabajaba en la hechura y refacción de fusiles y en el tiempo vacante que le quedaba, se ponia a disciplinar los reclutas y a disciplinarlos de uno en uno, enseñándoles a cargar un fusil y descargarlo...

"Tendría cerca de 150 hombres armados en menos de 1 mes, cuando recibió la noticia que fuerzas del Gobierno, al mando del general don José María Raygada y Gallo, se aproximaban a atacarle.

"Como Felipe Santiago aún no podía presentar combate sin sacrificar a su corta división, al recibir la noticia que el enemigo le buscaba, marchó con el ánimo de ponerse al lado opuesto del Marañon, a fin de aprovechar el momento oportuno y hacer uso de la superioridad de la posición que iba a ocupar...

"El general Raygada que era comandante general del Departamento de La Libertad, recibió el 7 de setiembre de 1833 la noticia de la sublevación de Felipe Santiago y al dia siguiente se puso en marcha para atacarle, llevando de Trujillo la compañía de Policía.

"En Cajamarca se encontraba el coronel P. J. Torres, quien para oponerse a la sublevación había reunido las milicias y esperaba una compaíiia del Zepita para en unión del general Raygada proceder a poner en planta el plan de operaciones trasado por el gobierno en oficio del 13 de setiembre de 1833...", describe minucioso Bilbao.

La cuestión es que dichas fuerzas se sumaron 2 escuadrones de Caballería, 1 compañía de los Lanceros de Piquíza y otra de los Granaderos del Callao...

Ante ello, nunca falta un cobarde en el grupo, y entre los rebeldes se encontraba un sargento, quien indispuso a los nativos contra Felipe Santiago, quien finalmente fue emboscado, atado y puesto en un calabozo de Chachapoyas.

Tanto temor inspiraba que no sólo lo enmarrocaron en una celda, sino que apostaron centinelas en cada portón del calabozo del cuartel, y desde el portón principal, 2 cañones giradas sus bocas apuntando hacia la celda de Felipe Santiago.

Mientras más se aproximaban las tropas de Raygada, los oficiales traidores empezaron a embriagar a los nativos asegurándoles que si no mataban a Felipe Santiago, los que iban a ser pasados por las armas eran ellos.

Así que, aprovechando que la esposa del preso, quien no abandonaba a su pareja todo el día, salvo para dormir cerca del cuartel, un gendarme abrió la celda y comenzó una inusual conversación con Felipe Santiago quien había logrado limar los grilletes puestos en sus tobillos.

Felipe Santiago observó cómo el soldado iba cediendo ligeramente su fusil, gradualmente, aproximado el ánima de su arma con dirección al pecho del reo, saltó de su cama y pisó uno de los pies del gendarme, escapándose un tiro al techo.

El soldado ahora con su fusil apuntando a su cabeza confesó nombres y el plan que tenían contra él. Entonces, Felipe Santiago escuchó a la turba tratando de entrar al cuartel para lincharlo, alentados por sus enemigos y el alcohol.

El gobernador de Chachapoyas le envió un fraile franciscano para confesar al prisionero antes de ser fusilado con el fin de tranquilizar al gentío.

Pero el 5 de octubre de 1833, una compañía de avanzada de Raygada al mando del mayor don José de los Ríos, llegó a Chachapoyas. El mayor era amigo de Felipe Santiago y contrario a Gamarra así que eso salvó la vida a nuestro protagonista.

Recién a fines de noviembre, Raygada llegaba a Cajamarca. Y el el día 26 de octubre de 1833, el cuartel de la ciudad se sublevaba y proclamaba como su jefe inmediato a Felipe Santiago.

Un soldado enviado por el ahora caudillo de una sublevación, se presentó ante el general Raygada, quien concreto enumeró los motivos "que le habian impulsado a sublevarse y al propio tiempo para invitarle que si gustaba adherirse al movimiento, estaba pronto a ponerle al frente de él y sino, que eligiese el punto que más le gustara para no permanecer preso...

"El general Raygada rechazó la 1ª oferta aceptando la 2ª y sin ser molestado se retiró a unos baños (Los Baños del Inca)...

Felipe Santiago con la compañía Zepita, el cuerpo de Policía y posteriormente la de Lanceros de Piquiza, enrumbó a Trujillo donde fue recibido en masa por el pueblo entre vítores y cantos, más el teniente coronel limeño era poco de ellos, sabiendo que cambiaban según la hora que era, así que siguió rumbo a Moche donde se acantonó esperando a las fuerzas que enviaría Gamarra.

Y no se equivocó. Para el 17 de noviembre de 1833, el general limeño Juan Francisco de Vidal La Hoz, por orden de Gamarra, le enviaba desde la hacienda Guadalupe (a 112 kms al Norte de Moche) una esquela a Felipe Santiago "mandándole deponer las armas y ofreciéndole garantías y seguridades a nombre del Gobierno...

"Felipe Santiago desechó las ofertas...".

Eran 800 hombres los que conformaban el ejército alzado, la mitad no eran del ejército regular, pero Vidal contaba con 500 efectivos, mas todos del ejército de línea, encontrándose ambos el 20 de noviembre de 1833, entre el mar y las dunas de Moche, a las 6 am.

La batalla fue encarnizada, entre fuegos de artillería, balas, terminando a la bayoneta y a sablazos, cuando de repente, el enfrentamiento paró y unos cascos de un caballo zaíno, con Felipe Santiago en él recorre toda la línea enemiga, hasta que un grito lo detiene: era el jefe de Estado Mayor de Vidal, teniente coronel Coloma:

"¿Hasta cuándo hará usted derramar sangre?"

"Felipe Santiago viéndole herido en la cabeza, le contestó:

"¡Hasta que no quede más que el general y yo!"

Entre las arenas y el mar turquesa liberteño, murieron 600 peruanos a las 11 am del 20 de noviembre de 1833, en 6 horas de batalla.

Felipe Santiago sufrió la derrota, pero no fue capturado, sino a inicios del año 1834, "con una chaqueta de bayeta, pantalones rotos, descalzo y con un sombrerito de paja viejo", en un rancho en la periferia de Paita (Piura).

Hoy, esas dunas en las afueras de Moche, son la Ciudad, Capitanía y Puerto de Salaverry (Trujillo, La Libertad).

(CONTINUARÁ)


(Fuente: "Historia del General Salaverry". Manuel Bilbao. 1853)

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