LA REAL CAMPAÑA DE LA BREÑA (II)

El coronel don Andrés Avelino Cáceres Dorregaray, en litografía de los tiempos de la Guerra del Pacífico -1879-1883. Undiacomohoyhuaraz.blogspot.com.



Lo del Perú oficial y el Perú real es un tumor añejo. Mientras el coronel don Andrés A. Cáceres permanecía herido y librándose de la persecución del ejército chileno invasor de enero a abril de 1881, en la misma Capital de Lima ocupada se daba una verdadera orgía de saqueos por orden de los mandos chilenos, quienes esperaron hasta marzo de ese año, tras acantonarse debidamente en el antiguo Palacio de los Virreyes y diversos locales institucionales de la ciudad, para iniciar el atraco masivo.

Todo empezó con un toque de puerta. El coronel don Manuel de Odriozola Herrera, director principal de la Biblioteca Nacional, situada en al antiguo Colegio Máximo de San Carlos de los jesuitas en la calle Cascarilla (4a cuadra de la avenida Abancay, hoy Gran Biblioteca Pública de Lima, tras mudanza de la Biblioteca Nacional al distrito de San Borja el 2006), abrió y se encontró con 2 capellanes del ejército chileno.

Amables y educados, solicitaron al anciano militar y erudito de 77 años darle un vistazo a los mejores libros del recinto fundado en 1822.

Odriozola vencido por la cortesía de los capellanes les mostró incluso hasta incunables (impresos antes del año 1500) de la antigua Biblioteca Nacional que en ese entonces contaba con 11,2 mil volúmenes que pertenecieron a bibliotecas de la Universidad Mayor de San Marcos, comunidades religiosas principalmente jesuita, donativos de Bernardo José de Monteagudo Cáceres (ex canciller y ministro de gobierno del general José de San Martín), del sabio don José Hipólito Unanue y Pavón (prócer, ex ministro y fundador de la Facultad de Medicina del Perú); de don José Joaquín Eufrasio de Olmedo y Maruri (ex diputado de las Cortes de Cádiz, primer como último presidente de la Junta Superior de Gobierno de Guayaquil y vicepresidente del Ecuador); de don Manuel Pérez de Tudela y Vílchez (prócer, primer presidente de la Corte Suprema y canciller del Perú) y en especial, la biblioteca particular del general San Martín y Matorras constituida de 762 volúmenes, 101 cuadernos, 6 libros en blanco, 84 cartas geográficas, grabados y planos.

Además, copias de todo lo impreso en el país desde 1822.

Aprovechándose de su edad avanzada, los chilenos abusaron con el tiempo y extenuado, don Manuel debiò retirarse cofiándoles a los religiosos la llave del local.

Al retornar el viejo coronel limeño, no encontró los incunables y otro cúmulo de libros valiosos, apurando entonces a cursar una  carta de protesta al jefe militar del ejército invasor, el 10 de marzo de 1881.

Si Odriozola hubiera sabido que el general chileno Pedro Lagos Marchant (el destructor de Barranco y Chorrillos)  había ya dado la orden a sus edecanes y varios civiles encopetados irrumpir en la Biblioteca Nacional, quizás hubiera podido salvar una parte de esos libros.

Los chilenos recorrieron todos los estantes, seleccionaron lo mejor de lo mejor. Los edecanes iban poniendo textos invalorables en sacos, los cuales eran llevados por soldados hacia una de la decena de carretas que necesitaron para transportar su botín al Callao. A plena luz del día.

En 1885, el robo fue confirmado por el mismo presidente de Chile, Domingo Santa María González al en ese momento director de la Biblioteca Nacional, don Ricardo Palma Soriano. "A Santiago han llegado pocos libros, se han perdido entre aduana y aduana muchos", confesó el mandatario sin una cuota de verguenza al autor de "Tradiciones Peruanas".

El saqueo prosiguió en la Universidad Mayor de San Marcos, sobre todo en su Facultad de Matemáticas y Ciencias Naturales (en la vieja Casona del hoy Parque Universitario); la Escuela de Medicina (en su vieja sede en la entonces Plaza Santa Ana hoy Italia en Barrios Altos); la Escuela de Artes y Oficios (en la 6a cuadra de la avenida Grau, hoy Instituto Superior Tecnológico Público José Pardo); el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe (en ese entonces en la calle Chacarilla, hoy 5a y 6a cuadra del jirón Apurímac, ironicamente demolido para construir el Ministerio de Educación en julio de 1956).

También fueron saqueados el Palacio de la Exposición y el mismo Palacio de Gobierno y "si pudiéramos hasta los puentes y las acequias pues es derecho del vencedor y callar el del vencido", se leía en el diario chileno "Actualidad" en agosto de 1881.

Al invasor no se les escapó nada de valor. Allanaron Aduanas en ese tiempo ubicada en 2 lugares, en la Fortaleza Real Felipe (que utilizaron de cuartel) y el Convento de Santo Domingo en la calle Pileta (hoy 1a cuadra del jirón Camaná), éste sitio provisional que usaba el gobierno para guardar bienes de mayor valor desembarcados en el Callao.

Los embajadores de varios países tuvieron que pagar a los chilenos a fin de recoger las mercancías importadas de sus naciones. El ejército de ocupación se habia convertido en una horda de salteadores.

Miedo era lo que se respiraba en Lima en aquellos días.

Ante ello, los políticos limeños formaron una junta de notables entre los que se encontraba don Mariano Felipe Paz Soldán y Ureta, historiador y geógrafo arequipeño; don Manuel Atanasio Fuentes Delgado, literato, historiador y periodista limeño; quienes debieron pedir reunión con el ministro de Guerra de Chile, José Vergara Urzúa a fin de solicitarle los peruanos pudieran reestructurar un gobierno constitucional.

Vergara observó a los 2 sabios peruanos, de arriba a abajo, y condicionó dicha solicitud a una inmediata negociación de paz incondicional sin la presencia del dictador Nicolás de Piérola, quien en su huida a Ayacucho había calificado a los invasores "caníbales".

Es así que la junta no vio otra solución que elegir ellos mismos junto a otros 150 vecinos de Lima al ex ministro de Hacienda y senador arequipeño, don Francisco García Calderón Landa como presidente provisorio de un Perú ocupado por fuerzas extranjeras, el 22 de febrero de 1881.

García Calderón "gobernó" desde la vieja casona campestre de descanso virreinal la cual alojó tanto a San Martín como al general Simón Bolívar, del pueblo de la Magdalena Vieja (hoy en la plaza principal del distrito de Pueblo Libre, Lima).

Son puestos a un lado Paz Soldán y Fuentes para iniciar entonces el regateo entre la burguesía capitalina y el enemigo, mientras en los Andes la guerra seguiría, tenaz e irreductible.

Se pactó entonces lo indecible. Sabiendo el mando chileno que el coronel Cáceres había escapado a la Sierra Central en abril de 1881, puso guardia en su casa de la calle San Ildefonso, donde se encontraban su esposa e hijas, e intimó a García Calderón a que ordene la formación de un destacamento de 200 hombres para ser enviados a Chicla (Huarochirí, en la frontera de Lima con Junín) a fin que le traigan al coronel ayacuchano.

Se puso al mando de dicho infame destacamento, el general ayabaquino, José González de la Cotera, de 64 años, con el propósito de destruir desde su primer brote de lo que sería finalmente "el increíble 4º período de la Campaña de la Resistencia", como lo calificó el primer historiador del Perú, don Jorge Basadre Grohmann.

La Cotera ordena a un coronel Manuel R. Santa María (que poco vale la pena recordar) que se adelante y vadee el camino principal por Yauli para atacar a Cáceres como una tenaza, uno sobre Chicla y aquel enfilando desde Matucana .

¿Cómo un general peruano podía tener la capacidad de reducirse a obedecer las órdenes del enemigo para combatir a un compatriota y camarada de armas?

La explicación podría haberla dado el historiador don Iván Millones en su obra "El mariscal Cáceres: ¿Un héroe militar o popular?"

"Él (Cáceres) era visto sino como indio, al menos como serrano, pese a que pertenecía a una familia de hacendados y comerciantes blancos o 'mistis' desde el punto de vista de una ciudad andina de la época...

"Sin embargo, su procedencia ayacuchana y el que, por ejemplo, hablara quechua, lengua con la que se comunicaba con sus guerrilleros (quienes lo llamaban 'tayta' o padre en castellano) contribuyendo a que Cáceres representara la imagen de 'serrano' frente a la élite costeña".

Cuando salía el destacamento de La Cotera, el pueblo limeño los llenó de escupitajos e insultos, pero prosiguieron. Cáceres ya no estaba en Chicla, se habia movilizado 8 kms al Sur, a San Mateo (Huarochirí).

Allí el destacamento de La Cotera se encuentra de frente con Cáceres y éste despedaza a su tropa. La otra "tenaza" con Santa María es descalabrada en Tamboraque (5 kms al Sur de San Mateo) por montoneras de la región, y la noticia de la derrota de La Cotera provocó que 2/3 del destacamento de Santa María deserte y a pie por 10 kms se reportan al deber ante su coronel Andrés A. Cáceres, en julio de 1881.

La increíble Campaña de Resistencia de la Breña había comenzado.

CONTINUARÁ

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