LA REAL CAMPAÑA DE LA BREÑA (I)
Grabado vista de la ciudad de Lima. 1881. Ebay.com.
El coronel don Andrés A. Cáceres Dorregaray tenía 43 años cuando herido, tras la Batalla de Miraflores, trató de convencer al también coronel don Belisario Suárez y a otros generales, que aún se podía revertir la tragedia, reagrupando a tropas dispersas, melladas por el susto.
Cáceres los quería llevar a la Sierra, pero la herida recibida le terminó por quebrar. Había tenido la suerte que no tuvieron los 3 mil muertos en los reductos miraflorinos.
Se encaminó de la Casa de Gobierno hacia la ambulancia (tiendas de campaña de la Cruz Roja) instalada en la calle San Carlos (hoy Cuadra 8 de Azángaro) y luego a la de San Pedro (hoy Cuadra 3 de jirón Ucayali).
Los chilenos ya le estaban haciendo un reglaje al que después llamarían “El Brujo de los Andes”, quien los venció en Tarapacá en noviembre de 1879.
Un oficial enemigo preguntó por su salud mientras registraba la ambulancia, pero Cáceres ya estaba en la calle Mariquitas (3a cuadra del jirón Moquegua), donde quedaba la Embajada del Brasil.
El coronel ayacuchano, quería ir a su casa, ver a su mujer después de tanta bala, sangre y odio.
Logra llegar a la calle San Ildefonso (1ª y 2ª cuadra de jirón Andahuaylas) y la encontró vandalizada por los chilenos.
El alma se le iba del cuerpo, cuando vio venir hacia él a su esposa doña Antonia, en la que encontró una relativa paz por unos 4 meses, recuperándose también de las heridas regaladas por el enemigo en 6 batallas casi consecutivas.
Una noche de abril de 1881, salió de su casa con su señora, doña Antonia Moreno, su ayudante y 2 tenientes.
El 15, Viernes Santo, llegó a la Estación de Viterbo (en la hoy 3a cuadra del jirón Amazonas) y tomó el tren ordinario a la Sierra, vestido de paisano junto a un capitán.
Un campesino, quien estuvo bajo su mando, estaba tomando posición de saludo, cuando Cáceres tiró para abajo su brazo y con la mirada que sólo entre soldados traducen, el campesino volteó fijando su mirada a los rieles.
Pocas horas después, tropas chilenas llegaban a la misma estación para dirigirse a la Sierra.
La buena estrella estaba con Cáceres Dorregaray, nacido en febrero de 1833 en Ayacucho, hijo del hacendado don Domingo Cáceres y Oré, y doña Justa Dorregaray Cueva, (hija del coronel español don Demetrio Dorregaray)
y se dice descendiente de la célebre Catalina Huanca.
El esposo de doña Antonia Moreno observaba las sólidas rocas quebradas de milenios, y los primeros valles bañados por el río Mantaro, con un solo propósito, doctrina y meta...seguir peleando contra el invasor.
CONTINUARÁ
).



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