EL IMPERIO DE AGUSTÍN 2



Por Pedro José Cama



Ya habían pasado 44 años desde que un pequeño naciera en un pueblito de Anta (Cusco), y que ahora estaba en el umbral de estampar su nombre con sangre y fuego en la Historia del Perú…

Los calurosos idus de Piura hicieron caer a un desorientado presidente La Mar y alzaban a un general victorioso, quien recibía noticias desde Lima que el general don Antonio Gutiérrez de la Fuente, derrocaba al encargado del mando don Manuel Salazar y Baquíjano y asumía el poder con el título de Jefe Supremo.

Agustín afrontó como jefe del Ejército del Norte, tener a un ejército enemigo a pocos kms, al cual era improbable vencer en ese momento, así que firma el 10 de julio de 1829 el armisticio con la Gran Colombia, es decir, callar los cañones por 2 meses, finalizar el bloqueo de la costa ecuatoriana y entregar Guayaquil.

Para setiembre de 1829, Agustín consigue la paz con la Gran Colombia, obligándola a respetar los derechos del Perú sobre Tumbes, Jaén y Maynas, a los cuales jamás consideró “territorios grancolombianos”, exhibiendo desde esos primeros momentos, su voluntad de restablecer la extensión territorial del virreinato, y si era posible del Incario…

Dicho éxito rotundo (convertir una guerra perdida en una reivindicación de territorios) hizo que el general La Fuente renunciara ante el Congreso, el cual, por votación, nombró Presidente Provisorio de la República a Agustín.

Agustín convocó entonces a las primeras elecciones populares del Perú, obteniendo más de la mayoría absoluta de los colegios electorales de provincia exigidos por la Constitución, lo cual le convertía en Presidente Constitucional, y así lo proclamó el Congreso, el 19 de diciembre de 1829.

Lo primero que vio Agustín al llegar a Palacio es que un país en gestación no podía manejarse bajo otro régimen que no fuera el presidencialista, por lo que prefirió obviar la Constitución parlamentarista de 1828, que imponía grilletes a un liderazgo firme…

La última vez que el Perú estuvo en manos de Congreso, España estuvo a un tiro de piedra de recuperar su principal colonia en América en 1823…

Esa actitud “autoritaria” provocó urticaria en muchos “notables” criollos fuera del círculo del Mariscal de Piquiza, así que financiaron caudillajes y cuartelazos por todo el país, los cuales Agustín tuvo que sofocar personalmente, uno por uno…

El resultado: Agustín debió dejar la presidencia encargada al vicepresidente La Fuente de setiembre de 1830 hasta diciembre de 1831 (quien fue depuesto por conspirador se dice por influencia de la primera dama, doña Francisca Zubiaga, apodada “La Mariscala”); posteriormente de setiembre a octubre de 1832 la encomendó al presidente del Senado, el abogado limeño don Manuel Tellería y por último de julio a noviembre de 1833 al vicepresidente del Senado, el teólogo y jurista de Chachapoyas, don José del Campo Redondo.

A todo ello se sumó la lógica oposición en el Congreso, acaudillada por el cura tacneño don  Francisco de Paula González Vigil, partidario liberal de un régimen parlamentarista…

A pesar de lo accidentado de su régimen, Agustín logró la paz exterior con la Gran Colombia, con Chile y con Bolivia firmando sendos tratados; reorganizó la Casa de Moneda de Lima, y creó las Casas de Moneda de Trujillo y Arequipa; regularizó el cobro de las contribuciones; inauguró el muelle del Callao y el puerto de Cerro Azul; la 1ª Dirección General de Aduanas; el 1er Colegio Militar; reorganizó el Convictorio de San Carlos y se fundó el Ateneo de Lima, con el propósito de estimular el desarrollo cultural del país.

Asimismo Agustín realizó el primer intento de descentralización creando las Juntas Departamentales…

Con este escenario interno casi caótico de cuartelazos y conspiraciones parlamentarias, Agustín convocó a la Convención Nacional de 1833, para reformar la Constitución de 1828, la cual se instaló el 12 de setiembre de 1833, pero se apoderó de ésta otro clérigo parlamentarista, don Francisco Xavier de Luna Pizarro.

Viendo Agustín que esa batalla política estaba perdida, lejos de disolver el Congreso y convertirse en un dictadorzuelo más, convocó a los Colegios Electorales para la elección de su sucesor, pero era tanto el pandemonio conspirador, que ni eso se pudo realizar…

Entonces, Agustín entregó el poder a la Convención Nacional en diciembre de 1833, y ésta asumió temporalmente el Poder Ejecutivo y arbitrariamente se arrogó la potestad de elegir a un presidente provisorio, el cual lógicamente resultó un títere de Luna Pizarro: el general Luis José de Orbegoso y Moncada, quien fue elegido en lugar del general don Pedro Bermúdez, por ser éste del círculo de Agustín…

Agustín vio en ese pobre liderazgo un retorno de la anarquía y cometió el error de tomar su primera medida extrema a través de Bermúdez quien en enero de 1834 intenta dar un golpe de Estado a Orbegoso, el cual terminó con la huida de aquel repelido por el pueblo de Lima en armas el 29 de enero de 1834…

El Abrazo de Maquinhuayo, al norte de Jauja del 24 de abril de 1834, culminó una guerra civil que amenazaba alargarse.

Agustín conoció entonces las peores noches del infortunio, debido emigrar a Bolivia.

A su esposa, doña Francisca Zubiaga, le prohibieron volver al lado de su marido, siendo desterrada a Chile, donde murió poco después.

(Continuará)

(Foto: La 1ª Banda Presidencial que llevó el mariscal Gamarra de 1829 a 1833, conservada en la Sala de Gobernador de la Fortaleza de Castillo Real Felipe del Callao).

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