EL DÍA QUE EL GOBIERNO EXPROPIÓ UNA CASA A DIOS










Pedro José Cama


Hace pocos meses, el ex alcalde de Lima, don Luis Bedoya Reyes cumplió 100 años de vida y dada su relación con el hecho que origina este post valía citarlo como uno de los mejores burgomaestres (1964-1969) en la historia de la Capital.

Se relaciona el devenir del Mercado Central de Lima en sus increíbles 165 años de abrir sus puertas a pesar de las calendas, las revoluciones, las carestías, las hiperinflaciones  y  demás plagas que azotaron nuestra ciudad desde que los españoles decidieron sentar sus reales en estas tierras desérticas bendecidas de valles y ríos.

Era el 18 de marzo de 1573 cuando abrió sus puertas el Monasterio de la Concepción, que obtuvo amén y bula del Papa Gregorio XIII en octubre de 1578.

Pero no era el pequeño templo que conocemos hoy en la avenida Abancay, sino todo un complejo religioso que se extendía hasta la avenida Tacna.

A lo largo del Siglo XVI y XVII el monasterio creció de manera exponencial con la compra gradual y sostenida de nuevas propiedades hasta ocupar 2 manzanas.

Para 1687, eran inquilinas del convento 309 profesas (de la Orden Concepcionista), más 14 novicias, 18 legas y 27 donadas, sin contar personal de servicio lo que al final dejaba en mil las residentes de La Concepción.

Su templo principal perdura hasta hoy, y sobrevive en la calle Concepción (5a.cuadra del jirón Huallaga, esquina con avenida Abancay)....

Las monjas concepcionistas no tuvieron problemas, salvo uno que otro encontrón con algún virrey hereje o un arzobispo prepotente, hasta que llegó la república.

Razón, urbanismo, necesidades terrenales surgieron entonces para chocar frontalmente contra lo espiritual en los predios de Dios en la Tierra,

El presidente del Perú, mariscal tarapaqueño don Ramón Castilla Marchese, era un creyente católico pero, se atreve el que escribe, a identificarlo según los registros históricos dejan entrever, como parte del 80% de todos los que somos católicos: los que vamos a misa de una que otra vez o cuando pasa un cometa y cuidamos 1 o 3 efigies en nuestra casa de Santa María Virgen; su Hijo,  Jesucristo y el santo o santa que escuchan nuestros rezos.

Pero, de ahí, si no estamos de acuerdo con la interpretación de la Palabra por parte de un cura, le rebatimos si  es que no lo mandamos a rodar, sin atormentarnos como atormentaria a los devotos militantes.
 
Castilla era un militar práctico y en noviembre de 1846, emitió  un decreto expropiándole a las monjitas de La Concepción un terreno que comprendía las antiguas calles Presa (6ª cuadra del jirón Huallaga); Albahaquitas (6ª Cuadra de jirón Andahuaylas) y Zavala (5ª cuadra del jirón Ucayali)...

La orden del mariscal era tirarse abajo, en línea, la sección del convento que iba desde la calle Padre Jerónimo (hoy 4a.cuadra. de jirón .Puno esquina con Abancay) hasta la calle Santa Rosa de las Monjas (4a.cuadra de jirón Miró Quesada con Abancay).

Aunque el decreto venía con indemnización, las monjas consideraron un acto de guerra por parte de Palacio dicha expropiación a una propiedad de Dios, y cual cruzadas reconquistando Jerusalén, empapelaron al gobierno peruano en el Poder Judicial.

El mandatario no quería perder la paciencia como la perdía un oficial en el cuartel, así que le pasó la papa caliente a su canciller, don José Gregorio Paz Soldán y Ureta, abogado, jurista y periodista aparte de diplomático arequipeño.

Éste emitió una resolución en noviembre de 1846, dejando a las monjitas sin personería jurídica ya que todo convento o monasterio pertenecía al dominio público, o sea, al Estado...

Los tiempos eran otros y las monjitas de La Concepción tendrían que aceptarlo o aceptarlo..

Paz Soldán, a pesar de ser ex alumno del Seminario San Jerónimo de Arequipa y tener un doctorado en Teología y Jurisprudencia, argumentaba fríamente en la resolución que esa casa de Dios impedía que Barrios Altos tenga una vía que le comunique al Damero de Pizarro y, quizás recordando su formación católica y diplomática, dulcemente, les conminó a las monjitas dejar de querellar al gobierno sino querían perder el 100% del convento.

Aquí cabría explicar que los predios de Dios entorpecían que los acaudalados vecinos del entonces exclusivo Barrios Altos lleguen más rápido al Centro de Lima, es decir, cuando el interés económico avanza no hay tierra santa que valga.

Tan es así que fue el Tribunal del Consulado (lo que sería hoy la Confiep) el que puso el capital en calidad de préstamo al Municipio de Lima en diciembre de 1846 y en enero de 1847, el mismísimo arzobispo de Lima, ex presidente del primer Congreso Constituyente en 1822 y ex profesor del canciller Paz Soldán en el San Jerónimo, don Francisco Xavier de Luna Pizarro Pacheco, junto a las monjas de La Concepción tomaron local, se atrincheraron advirtiendo al gobierno que en nombre de los bienes raíces de Dios, el convento no se tocaba.

El presidente Castilla no acostumbraba a debatir, así que bastó un seco “proceda” al prefecto de Lima y a partir de marzo de 1847 todo fue pico, pala y comba...que hicieron realidad el Mercado Central de Lima que ven en la foto el año de 1851 y el comienzo de la construcción de la avenida Abancay en 1862.

Una Era había culminado, aunque suene irónico, gracias a Dios.

Pero así como las monjitas concepcionistas les expropiaron y tumbaron su casa para construir el Mercado Central, a éste le llegó, inexorablemente, el castigo del ex propietario.

A las 10 am del 29 de febrero de 1964, explotó una cocina a kerosene al interior del bazar Oshiro, y un, literalmente, infernal incendio consumió por completo unas ¾ partes de sus instalaciones (remodeladas en 1905), dejando más de 80 millones de Soles de la época en pérdidas, 900 negocios afectados y 12 heridos.

El entonces alcalde de Lima, don Luis Bedoya Reyes, construyó el nuevo Mercado Central de Lima que hoy conocemos, el año 1967.

(Fuente: "Aspectos administrativos de 1845 a 1863" en "Historia de la República del Perú". Jorge Basadre. 1983)

(Foto: Viejo Mercado Central entre las calles Paz Soldán y Presa, construido con madera de roble.1851. Colección Kiefer-Marchand. Repositorio.pucp.edu.pe).

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