MARÍA ANDREA (FIN)

 


Por Pedro José Cama







“Que el partido conocido hasta ahora con el nombre de Cangallo se titule en los sucesivo Vilcashuamán.

“Que nadie podrá reedificar en el terreno que ocupaba el infame pueblo de Cangallo, pues no debe volver a aparecer una población que ha sido propiamente un asilo de asesinos y guarida de ladrones”, decretaba el 11 de enero de 1822 el último virrey del Perú, general José de la Serna y Martínez de Hinojosa.

De Cangallo el monstruo general valenciano José Manuel de Carratalá Martínez, de 41 años, no dejó ni los cimientos.

Usó bueyes para arar la tierra devastada y rociar sal en los surcos negros de una ciudad quemada.

La represión o la “pacificación colonial” devastó a Cangallo con el saldo mortal de mil seres humanos, entre ellos, el hijo de María Andrea, Tomás, fusilado por orden de Carratalá con tan solo 26 años.

Y ahora la desalmada bestia de Carratalá enfilaba hacia Huamanga, epicentro de revolucionarios quienes vigilaban constantemente las actividades del ejército realista y surtían de información al Ejército Patriota, pero también de criollos leales a la corona que espiaban, simultáneamente, a los patriotas.

En la Sierra Central, el guerrillero don Cayetano Quirós seguía haciendo insoportable la vida a las tropas realistas, hasta que el torpe general arequipeño don Domingo Tristán y Moscoso se hace diezmar una división del Ejército Unido Libertador con más de 2 mil hombres y 6 cañones en inmediaciones de la hacienda Macacona (Ica) el 7 de abril de 1822, por las tropas realistas del general hispano-francés César José de Canterac Orlic y Donesan, con menos hombres y 3 cañones.

Esa derrota obligó a Quirós replegarse hacia la Sierra Sur, donde le esperaba la bestia negra de Carratalá, que se desplegó como una tenaza el 27 de abril, cuando los guerrilleros escapaban de las fuerzas del otro infame coronel gallego José Ramón Rodil y Gayoso.

La caballería de Carratalá encerró a los morochucos en las alturas de Paras (a 172 kilómetros al Oeste de Huamanga), alrededor de las 4 pm.

El escuadrón San Carlos, embistió la retaguardia de los guerrilleros, matando a la mujer de Quirós a lanzazos y los heridos fueron repasados por orden de la bestia de Carratalá.

El líder guerrillero logró escapar a Lucanas, pero fue capturado bajando a la Costa y fusilado en Ica, el 5 de mayo de 1822.

Uno de los prisioneros fue llevado a Carratalá, y le entregaron una carta sin firma donde se leía:

“Huamanga, marzo 20 de 1822

“Idolatrado Mariano:

."Mañana marcha la fuerza que de esta ciudad a tomar la que existe allí, y a otras personas, que defienden la causa de la libertad.

“Avísale al jefe de esa fuerza, señor Quirós, y trata tú de huir inmediatamente a Huancavelica, donde nuestras primas las Negrete; porque si te sucediese una desgracia (que Dios no lo permita) sería un dolor para tu familia, y en especial para tu esposa…”.

El mando español tardó unos días en atar cabos y retornando a Huamanga la primera orden que dio fue detener a María Andrea, el 30 de abril de 1822.

Los soldados realistas rodearon su casa, donde observaba desde la ventana junto a sus hijas doña María, doña Leandra y doña Bartola.

Irrumpieron y se llevaron a María Andrea en vilo.

Carratalá le interrogó sobre quién había escrito la carta, pero María Andrea tenía una sola respuesta: No.

El miserable general español le amenazó que quemaría su casa sino hablaba. No, repetía. Su hogar se consumió en cenizas como Cangallo y también sobre sus escombros y puñados de sal los soldados realistas colgaron un cartel diciendo: “Por ser madriguera de traidores y espías”.

¿Quién le informó que nos movilizábamos a Paras? No, volvía a responder María Andrea.

"Todas las cartas tienen el mismo fin, pero escrituras diferentes ¿Quién las escribió o a quiénes les dio esa información de nuestros avances?"

" Yo escribí todas", testificó desafiante.

“Ha tenido cómplices”, le aseguró Carratalá. No, volvió María Andrea a sus cortantes respuestas.

El infame oficial realista manda llamar a un soldado y ordena 2 cosas: Calabozo y 30 azotes.

María Andrea no sólo recibió más de 30 azotes, sino también patadas y puñetazos arteros.

El 31 de abril de 1822 vuelve a la silla frente a Carratalá.

“Ya no siga mintiendo, sé que no sabe leer ni escribir, es analfabeta. Dígame quién escribió las cartas”. No, repitió una María Andrea hecha manojo de moretones y sangre en la boca.

"¿Quiénes la ayudaron?" Insistía terco Carratalá. Yo, respondía María Andrea al borde del desmayo, si no es que una cachetada del español no la despierta.

Fastidiado, después de horas sin conseguir la información que deseaba, el monstruo llama a su 2º y le ordena disponer el fusilamiento de la sublevada.

El 1 de mayo de 1822, escoltada por un pregonero y soldados de la guarnición realista, María Andrea fue paseada por la Plaza de Armas de Huamanga, deteniéndola en cada esquina para que se leyera el bando de la sentencia dictada por el infame Carratalá: “para escarmiento y ejemplo de los posteriores por haberse rebelado contra el rey y señor del Perú”. Así 3 veces más.

El cortejo se detuvo en la Pampa o Plazuela del Arco donde con mucho trabajo por los golpes que hincharon sus ojos, María Andrea distinguió al pelotón de fusilamiento.

A sus 45 años había resistido horas de golpizas e interrogatorios.

Un oficial se aproximó a María Andrea, quien llevaba golpeada pero con el mentón arriba, un hermoso sombrero de paja huamanguino.

"Señora, por mi vida, me comprometo a que si colabora no le fusilo"...

"No", respondió por última vez para luego retirar el rostro a la venda que intentaron ponerle en los ojos.

María Andrea se arrodilló ante Dios y le rogó por dentro que la reciba en su reino.

La descarga de los rifles y las balas pateando su heroico pecho derribándola, no impidió, quizás, escuchar una respuesta desde el Cielo: "Ven" .

Frailes mercedarios y amigos de la familia, recogieron el cadáver de doña María Andrea Parado Jayo de Bellido para llevarlo primero al Templo de La Merced y posteriormente a la Capilla de la Santísima Virgen del Rosario de Chichinquirá, en el hoy jirón 9 de Diciembre, Huamanga (Ayacucho), donde reposan en su tierra y en su República por la que dio la vida.

Cerratalá Martínez terminó preso en la Batalla de Ayacucho en 1824 y retornó a España donde le despreciaron ordenándole residir a no menos de 145 kms de Madrid. Rogó por una plaza hasta de cabo en Cuba, pero se la denegaron. Sus influencias le salvaron de 2 cortes marciales, por su salvaje proceder reprimiendo sublevaciones en Cataluña y Gerona. Tras ocupar algunos altos cargos más por favor que por mérito, murió en Madrid en diciembre de 1855 despreciado y olvidado.

(Fuentes: “María Parado de Bellido y la Independencia en la Región de Huamanga: Representaciones de una heroína popular”. Nelson E. Pereyra Chávez. 2018. Cemhal.org; “María Parado de Bellido - a morir vino, no a traicionar”. Cuentosparaelcorazon.blogspot.com; “Las Montoneras en la Emancipación, como recurso didáctico en las Ciencias Sociales: Historia”. Odilón Bejarano Barrientos. Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle. Repositorio.une.edu.pe).

(Imagen: Fusilamiento de doña María Andrea Parado de Bellido. Óleo de Consuelo Cisneros. 1929. Museo Nacional de Antropología e Historia del Perú. Alamy.es) 

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