DOS PATRIOTAS TACHADOS DE LA HISTORIA







Por Pedro José Cama



Quizás más que don Jorge Basadre, sea don Ricardo Palma y su obra, mejor fuente a recurrir para comprender el pasado del Perú. Las características y talento del maestro don Ricardo, el que escribe las he repetido más que mis errores y vicios, así que pasemos al que sabe.

Palma en sus “Tradiciones Peruanas”, rescata como lápiz de carboncillo raspando sobre papel que estuvo debajo de otro ausente, para saber qué estuvo escrito en éste, a 2 seres humanos quienes lejos de tener siquiera 1 monumento o un espacio que la memoria popular reserva para sus héroes nacionales, fueron ninguneados y prácticamente tachados de los libros de Historia, quizás por carecer de pedigree, o apellidos compuestos.

Empecemos por las damas, como Dios manda:

Don Ricardo, cuando mataperreaba en su época escolar, tenía un “pata” estimado, compañero de pupitre, intercambio de cuadernos y palomillas sin jaula. El chico se llamaba Alejandro Weniger, hijo de un próspero comerciante de calzado en la calle Plateros de San Agustín (hoy 1ª cuadra del jirón Ica) a mediados del Siglo XIX.

Un puñetazo de Weniger a otro faltoso quien le espetó “¡Cállate ‘Protector’!”, uno de cuyos dientes quedó en el patio del colegio de instrucción preparatoria, explicó la razón, motivo y circunstancia de la tradición.

Al colegial Palma le quedó como mosca en la oreja, el enigma del porqué su amigo había desdentado a otro chico por algo que no parecía un insulto, hasta que Weniger le dijo:

-Ven, quiero presentarte a mi madre

“Me condujo a los altos en que está situada la Biblioteca Nacional (y estuvo hasta el Siglo XXI) y cuyo director, que lo era entonces el ilustre (don Francisco de Paula González) Vigil (clérigo tacneño 4 veces diputado de la República; presidente de la Convención Nacional en 1833 y director de la Biblioteca Nacional de 1836-37 y 1845-73), concediera a 3 a 4 familias que habían venido a menos, habitación gratuita…

“En un departamento compuesto por de 2 cuartos vivía la madre de mi único amigo. Era ella una señora que frisaba en los 50, de muy simpática fisonomía, delgada, de mediana estatura, color casi alabastrino (tan blanco que podía llegar a ser transparente), ojos azules y expresivos, boca pequeña y mano delicada…

“Veinte años atrás debió haber sido mujer seductora por su belleza y gracia…”, recordaba Palma.

“Se apoyaba para andar en una muleta con pretensiones de bastón. Renqueaba ligeramente”, detallaba don Ricardo.

Palma colegial había conocido a la guayaquileña doña Rosa Campusano.

“En 1817 llegó a Lima la Rosita en compañía de su amante, acaudalado español que barbeaba medio siglo, y cuyo goce era rodear a su querida de todos los esplendores del lujo y satisfacer sus caprichos y fantasías…

“En breve los elegantes salones de la Campusano, en la calle San Marcelo (hoy 3ª cuadra de la avenida Emancipación), fueron el centro de la juventud dorada…

“Los condes de la Vega del Ren y de San Juan de Lurigancho, el marqués de Villafuerte, el visconde de San Donás y otros títulos partidarios de la revolución (libertadora); (don José Faustino) Sánchez Carrión; (Francisco Javier) Mariátegui, y muchos caracterizados conspiradores en favor de la causa de la Independencia formaban la tertulia de Rosita, que con el entusiasmo febril con que las mujeres se apasionan de toda idea grandiosa, se hizo ardiente partidaria de la Patria…

“Desde que San Martín desembarcó en Pisco, doña Rosa, que a la sazón tenía por amante oficial al general Domingo Tristán, entabló activa correspondencia con el egregio argentino.

“Tristán y (su paisano José de) La Mar, que era otro de los apasionados de la gentil dama, servían aún bajo la bandera del rey, y acaso tuvieron en presencia de la joven expresiones políticas que ella explotara en provecho de la causa de sus simpatías…

“Decíase también que el virrey (José de) La Serna quemaba el incienso del galanteo ante la linda guayaquileña y que no pocos secretos planes de los realistas pasaron así desde la casa de doña Rosa hasta el campamento de los patriotas en Huaura…

“Don Tomás Heres, prestigioso capitán del batallón Numancia, instado por 2 de sus amigos, sacerdotes oratorios (de la Orden del Oratorio de San Felipe Neri), para afiliarse a la buena causa, se manifestaba irresoluto...

“Los encantos de doña Rosa acabaron por decidirlo y el Numancia, fuerte de 900 plazas (soldados) pasó a incorporarse a las tropas republicanas...

“La causa de España en el Perú quedó, desde ese momento, herida de muerte…

“En una revolución que, a principios de 1821, debió encabezar en la fortaleza del Callao el comandante del batallón Cantabria, don Juan Santalla, fue doña Rosa la encargada de poner a este jefe en relación con los patriotas.

“Pero Santalla, que era un barbarote de tan hercúleo vigor que sólo con 3 dedos doblaba un peso fuerte, se arrepintió en el momento preciso y rompió con sus amigos, poniendo la trama en conocimiento del virrey, si bien tuvo la hidalguía de no denunciar a ninguno de los complicados.

“San Martín no dio en Lima motivo de escándalo por aventuras mujeriegas. Sus relaciones con la Campusano fueron de tapadillo.

“Jamás se le vio en público con su querida; pero como nada hay oculto bajo el Sol, algo debió traslucirse, y la heroína quedó bautizada con el sobrenombre de ‘La Protectora’…

“Organizada ya la Orden del Sol, San Martín, por decreto del 11 de enero de 1822, creó 112 caballeresas seglares y 32 caballeresas monjas, escogidas éstas entre las mas notables de los 13 monasterios de Lima…

“Entre las primeras se encontraban las condesas de San Isidro y de la Vega y las marquesas de Torre-Tagle, Casa-Boza, Castellón y Casa-Muñoz.

“El viajero (William Bennet) Stevenson que fue secretario de lord Cochrane y que como tal participaba del encono de su jefe contra San Martín, critica en su curiosa y entretenida obra, impresa en Londres en 1829, "Historical and descritive narrative of twenty years residence in South America", que el Protector hubiera investido a su favorita la Campusano con la banda bicolor (blanco y rojo), distintivo de las caballeresas.

“Esta banda llevaba en letras de oro la inscripción siguiente: ‘Al patriotismo de las mas sensibles’...

“Sin discutir sobre la conveniencia o inconveniencia de la creación de una Orden antidemocrática (como lo fue la Orden del Sol) y atendiendo únicamente al hecho, encuentro injusta la crítica de Stevenson...

“Es seguro que a ninguna de las otras caballeresas debió la causa libertadora servicios de tanta magnitud como los prestados por doña Rosa.

“En la hora de la recompensa y de los honores, no es lícito agraviarla con ingrato olvido.

“Con el alejamiento de San Martín de la vida pública se eclipsa también la estrella de doña Rosa Campusano…

“Posteriormente, y cuando los años, y acaso las decepciones, habían marchitado a la mujer y traídola a condición estrecha de recursos para la vida, el Congreso del Perú asignó a la caballeresa de la Orden del Sol una modesta pensión…

“La Protectora murió en Lima por los años de 1858 a 1860, cuando contaba alrededor de 60 años…”, culmina triste Palma.

El más grande tradicionista de Iberoamérica, creador de este género literario, también usa el lápiz carboncillo para rescatar a don Inocente Zapata.

“Era allá por los años de 1820 un joven trujillano, criollo legítimo, bravo como el que más y alegre como una zamacueca.

“Desempeñaba el empleo de mayordomo en una hacienda del valle de Ate, llamada Melgarejo…

“Entusiasta partidario de San Martín y de la causa por éste representada, Zárate prestó servicios importantes, ya como conductor de comunicaciones, ya como amparador y guía de los patriotas que fugaban de Lima para incorporarse en las filas del ejército libertador…

“Denunciado al virrey La Serna, envió la autoridad un oficial con soldados a la hacienda de Melgarejo con orden de tomar vivo o muerto al insurgente mayordomo; pero éste lo sospechó o recibió aviso oportuno, porque a tiempo se puso a fojas…

“Forzado ya a vivir a salto de mata, organizó con peones de las haciendas, entre los que era muy popular, una partida de montoneros, y declarose capitán de ellos.

“Sus camaradas lo bautizaron con el apodo de ‘Gavilán’, que el aceptó de buen grado, y a fe que la tal ave de rapiña, encarnada en un hombre, dio a los realistas muchos malos ratos.

“Celebrado armisticio entre el virrey y san Martín para dar comienzo a las negociaciones de Punchauca, los españoles enviaron su caballada a pastar en los potreros de la hacienda de Mayorazgo, encomendando el cuidado de ella a un piquete de 10 soldados bajo el mando de un sargento…

“Una noche, cuando los guardianes estaban sumergidos en profundísimo sueño, llegó cautelosamente Gavilán con su partida, y los despertó después de tenerlos desarmados y en la imposibilidad de oponer la menor resistencia.

“En seguida uno de los montoneros, que era rapista, sacó navaja y demás chirimbolos, y afeitó a los prisioneros la patilla derecha y el mostacho izquierdo, dejándolos luego en libertad para ir al dar aviso a sus jefes de que la caballada del ejército se había hecho humo…

“Calculaba Gavilán, y calculó bien, que ninguno de los soldados iría a Lima a exhibirse en tan ridícula figura, y que por lo menos perderían un par de horas en buscar y encontrar navaja para quedarse sin pelos en la cara.

“A él le interesaba ganar siquiera 5 o 6 horas de ventaja sobre el escuadrón que era probable enviasen los españoles para intentar el rescate de la caballada…

“El general (de Vigo-España, caballero "Gran Cruz" de la Orden de San Fernando y de la de San Hermenegildo; comandante general del Campo de Gibraltar, capitán general de Cataluña, de Castilla la Nueva y de las Islas Baleares, Juan Antonio) Monet, por mandato del virrey, se presentó 2 días después a San Martín, y le expuso que su gobierno estimaba el robo de la caballada como violación del armisticio ajustado.

“El jefe patriota lo satisfizo, manifestándole que en la desaparición de las cabalgaduras no habían tenido arte ni parte las tropas regulares, y que ello había sido acto espontáneo de vecinos de la ciudad, sobre los que los republicanos no ejercían jurisdicción alguna.

“Agregó San Martín que él no había aceptado esos caballos para su ejército, y que Gavilán los había llevado al interior, en donde, según noticias, había vendido muchos y aun regalado algunos.

“Monet quiso conocer a Zárate porque le había hecho gracia lo del afeite, y San Martín le ofreció que haría buscar al montonero…

“Tres o 4 días más tarde recibió el general español una esquelita en que le participaba San Martín que Inocente Gavilán había llegado al campamento…

“Entre el capitán de guerrilleros y el general Monet hubo este corto diálogo:

“-¿Por qué ha robado usted la caballada del rey?

“-Pues, por eso..., porque era del rey.

“-Está usted vendiendo los caballos a vil precio. Véndame los que le quedan y le serán bien pagados.

“-Aunque me ofreciera el general mil pesos por caballo, nequaquam.

“-Está bien. Ya lo fusilaré a usted algún día.

“-Si me dejo atrapar, que lo dudo. Esas uvas están verdes.

“-¿Y qué le ha dado a usted la Patria, pobre diablo?

“-La Patria me ha dado este sable para defenderla y para cortar pescuezos de godos (españoles).

“El general Monet volteó la espalda y fue a reunirse con San Martín.

“En 1851 conocí a Gavilán, ya sexagenario y dueño de una huertecita en el Cercado.

“Él me refirió su diálogo con Monet, que he reproducido casi al pie de la letra, y me contó las peripecias todas de su vida de montonero.

“Disfrutaba en su vejez de la paga y honores de sargento mayor de Caballería…”.

No sé si consiga lector (a) estos 2 nombres de seres humanos que se jugaron la vida en el coso, en la arena, y no desde la tribuna dándo órdenes, en los textos de Historia de Basadre, Pons Muzzo o Vargas Ugarte.

Pero si tiene hijos, sobrinos o nietos recuérdeles que aparte de titanes como Grau y Bolognesi existieron mujeres y hombres quienes no le temían a nada, sólo a no cumplir sus deberes para con la Patria.

(Fuente: “Doña Rosa Campusano –‘La Protectora’” e “Inocente Gavilán”. “Tradiciones Peruanas”. Ricardo Palma. 1872).

(Imágenes: Doña Rosa Campusano, de cubierta de libro “Rosita Campusano - La Mujer de San Martin en Lima”. Silvia Puente y grabado de “Inocente Gavilán”. Cervantesvirtual.com)

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