EL CLUB DE LOS ABOMINABLES

 Los 165 años de creación de una  logia enemiga del Perú





Por Pedro José Cama


No existe una alternativa en las épocas de vacas gordas en el Perú, para poner en la presidencia desde 1821, la de elegir como inquilino de Palacio de Gobierno a alguien de apellido "respetable" y "notable" que desaparece en las horas oscuras (salvo dignísimas y heroicas excepciones). 



Pues bien, digan lo que digan los economistas, el país vive una etapa que lo pone al pie de la escalera hacia su industrialización, retome de su influencia economica, cultural y política en la región y en unos 30 años quizás, ser la primera nación desarrollada de Hispanoamérica.



El Perú estuvo en esa situación y quizás mucho más prometedora en su trágica como heroica historia: el pueblo hizo su papel, las Fuerzas Armadas (FFAA) hicieron su papel...ambos estaban a la altura del reto...pero no nuestra clase dirigente.



Esa clase dirigente conformada por los mismos apellidos que hoy puede revisar en la relación de miembros del Club Nacional desde su fundación en 1855...No varían los apellidos por más que hayan siglo y medio…



Puente y Ramírez de Laredo; Barrenechea Morales; Osma y Ramírez de Arellano; Derteano y Echenique; Barreda y Osma; Ortiz de Zevallos y Tagle; Bryce de Vivero; Yrigoyen Arias; Pardo y Barreda; Olavegoya Iriarte; Prado Ugarteche; Aspíllaga Barrera; Villarán Godoy; Graña de los Reyes; Alzamora Mayo; Rey Melgar; Yrigoyen Diez Canseco; Wiese Eslava; Zavala Loayza; Echenique y Bryce; Lavalle y García; García y Lastres; Gallo Porras; Schroeder y Mendoza; Olaechea y Olaechea; Quesada Larrea; Mujica Gallo; Bentín Mujica; Revoredo Iglesias; Graña Garland; Osma y Porras; Arias Schreiber del Busto; Revoredo Iglesias; Carrillo de Albornoz Barúa; Wiese de Osma; Aramburú Raygada; Freundt Dalmau; Osma Elías; Ortiz de Zevallos Basadre; Ribeyro Dañino; Berckemeyer Pérez-Hidalgo; Del Río Málaga y Brescia Cafferata. 



Éstos son sólo los ex presidentes del Club Nacional de 1855 al 2002. 



Pues bien, la mayoría de sus miembros estuvieron inmiscuidos en escándalos de corrupción que harían palidecer Lava Jato sino es que en el Siglo XIX cerraban cualquier investigación y periodista que denunciara terminaba en el Panóptico (la vieja cárcel donde hoy se eleva el Hotel Sheraton) y de los pocos políticos que lo denunciaron se fueron de esta vida envenenados, asesinados y los más afortunados, desterrados para siempre…



Antes no había tutía. Olvídese de las amenazas. Nadie te decía cállate...Enterraban  el escándalo más rápido que cadáver con peste…



¿Pero quiénes robaron? Los Toledo, los García, los Fujimori, los Quispe, los Mamani...no. Ni siquieran los soñaban sus bisabuelos… 



Fueron los caudillos títeres de los apellidos antes mencionados. La compleja y legalmente cuestionada licitación de los contratos oficiales minó los esfuerzos por establecer un orden legal en los negocios y los asuntos públicos...



La Constitución y las leyes no tenían el control. En lugar de ello, 'sólo la voluntad de unas cuantas familias es la ley' "...reportaba asqueado el enviado extraordinario y ministro plenipotenciario de EEUU en el Perú, Alvey P. Hovey a su Secretaría de Estado en agosto de 1870. 



Si hoy resucitara al señor Hovey reportaría lo mismo… 



Todos los vicios achacados al pueblo peruano: ocioso, ladrón, mediocre y mentiroso, son los defectos de su clase dirigente…”, rezaba la crónica escrita hace 9 meses atrás.



Enfoquémonos brevemente en esto, ya que un acontecimiento así no merecería demasiada importancia sino fuera por el daño que causó y causa al Perú. 



El Club Nacional fue fundado según el modelo británico, que los comerciantes ingleses ya habían fundado exclusivamente para ellos (marginando en tierra ajena)  en Lima en los años 1830. 



En 1835 se creó un Salón de Comercio en la ciudad, que sirvió fundamentalmente como un lugar de componendas o transas de comerciantes locales con sus pares extranjeros, usando los peruanos sus relaciones con el caudillo de turno. 



En 1844 se abrió en Lima una biblioteca inglesa, la cual se fusionó 4 años más tarde con el Salón de Comercio para formar el Club Inglés. 



Para mediados de los años 1860, este club contaba con más de 120 socios, la mayoría de los cuales eran peruanos, pero aún así cerró sus puertas poco después. Quizás porque era una biblioteca, ámbito extraño para nuestros terratenientes y magnates.  



Pero 5 años antes, se había fundado el Club Nacional esta vez exclusivamente peruanos, quizás como una venganza contra el desprecio de los ingleses hacia ellos, que rifaban los intereses de su Patria, en cada meeting entre ellos.



El promotor y primer presidente, fue Gaspar de la Puente y Ramírez de Laredo, dicese proveniente de una de las familias prominentes de la aristocracia colonial y tenía derecho a los títulos de marqués de Lara y conde de San Javier y Casa Laredo, los cuales sin embargo no adoptó, pues el uso de títulos de nobleza fue prohibido después de la Independencia. 



Cosa curiosa, en la obra extraordinaria de don Juan Bromley, “Las Viejas Calles de Lima”, quien recupera el marquesado de la Puente y Sotomayor, fue don Juan Esteban de la Puente y Castro, en 1782 y no el abuelo de Gaspar de la Puente, quien supuestamente fue hijo de don Hermenegildo de la Puente y Querejazu y de una Ramírez de Laredo, de la Casa Laredo.



Pero Bromley rescata que la única de la Casa Laredo fue doña Teresa Ramírez de Laredo y Encalada, hermana del conde de San Javier y Casa Laredo, casada con don Francisco de Pando en 1710 y el sucesor del titulo fue el ex canciller don Jose María Pando en el Siglo XIX.



Gaspar de la Puente y Ramírez de Laredo, no portó ningún marquesado, pues el único don Antonio Hermenegildo y Mollinedo (no de la Puente y Querejazu) se casó con doña Josefa de Santiago Concha e Ilzarbe (no con una Ramírez de Laredo), hermana del maestre de campo don José de Querejazu y Santiago Concha, alcalde de Lima en 1772 y 1er conde de San Pascual Baylón.



Y ahí muere el payaso.



Es decir, pareciera, Gaspar de la Puente, hizo un salpicón de títulos nobiliarios (total, los españoles habían sido expulsados y desvalijados de sus bienes en 1822) y se habría pavoneado sin tener un pavo para hacerlo, justificando que no usaba su influencia ni herencia porque eran tiempos republicanos. 



Entonces, el “noble” de rancios antecedentes nobiliarios, lo más seguro uno de los buitres parados en los portales de la Plaza de Armas para estafar a los pensionarios del Ejército Libertador, a quienes el Estado no pagaba la pension que merecían, y a otros acreedores, a quienes compraban la deuda por una miseria y cobraban el triple a su amigo, el caudillo presidente de ocasión. 



Después se convirtieron en millonarios consignatarios del guano.



Estos buitres, formaron sus propios clanes y cual logia perversa compraron dignidad con los millones del guano y la complicidad de los gobiernos, para finalmente calcar la costumbre del club social británico, creando el Club Nacional.  



Pero a pesar del título de “Club Nacional”, de nacional no pasaba del papel sellado, pues era una cofradía de varones adultos pertenecientes a la clase alta que vivían en Lima, o que al menos pasaban allí bastante tiempo. 



Se decían nacionales por diferenciarse de los clubes británicos. 



Con la llegada a la presidencia del club en 1864 de don José Antonio Barrenechea, descendiente de militares veteranos de la lucha por la Independencia del Perú y abogado reconocido de Lima, y político que junto al alcalde de Lima, don Manuel Pardo y Lavalle (éste sí proveniente de la antigua nobleza española) forman parte de los fundadores del Partido Civil, el cual finalmente llevó a la presidencia a Pardo y Lavalle, con ideas pragmáticas, proyección a futuro que referia a un Perú integrado e industrializado, independiente de la rentista importación de materias primas sin valor añadido.



Los miembros del Club Nacional, en su gran mayoría, fueron cómplices durante los 40 años que duró al boom del guano (1845-1872), que de los $172 mil millones de nuestros días los cuales debió recibir el Estado, un 80% jamás se recaudó.



“¿Qué buen uso se ha dado a esos millones y millones de dólares provistos por el guano? ¡Casi nada para el país mismo! Los asuntos privados se han enriquecido...”, denunciaba agriamente un socio del club, Manuel Pardo en 1871.  



Cuando Pardo Lavalle llegó a la presidencia del Perú, encontró un Estado en bancarrota el año 1872. Su régimen piso callos, ampollas y uñeros por lo que moriría baleado por la espalda en 1878 siendo presidente del Senado de la República. 



Y de allí, desde ese epicentro de saboteadores del desarrollo nacional el cual se da el lujo de existir, ostentando un palacete en la Plaza San Martín, y cuya membresía continúa siendo discriminatoria hasta para algunos presidentes del Perú, se rumia la siguiente manera de seguir manteniendo al Perú en la miseria del subdesarrollo. 



Quizás algún día, por 1ª vez en la Historia, "Paco Yunque" le rompa el alma al "Niño Grieve".



(Fuentes: “Las Viejas Calles de Lima”. Juan Bromley. 1966 y Fernando Carbone Montes. Geneanet.org)


(Imagen: Club Nacional de Lima. 1929. Fpp.org.pe)


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