MARIANO LORENZO (II PARTE)

María Santos Corrales Salazar nació en noviembre de 1797 en Arequipa.

Fue la niña de los ojos de sus padres, don José Corrales Sanabria y doña Manuela Salazar, quienes gozaban viéndola corretear por la casa de la calle Beaterio 125, propia de una familia de clase media arequipeña.

María Santos no dejó de ser bonita al crecer, es más, su belleza aumentó cuando un tío suyo, don Rumualdo Corrales contrajo matrimonio con la señorita María Josefa.

Era la Arequipa de 1810 y los matrimonios eran todo un ceremonial de largo aliento. Fue en éste que hizo su aparición Mariano Lorenzo.

Su hermana era la novia y el dotado seminarista tenía ojos sólo para María Josefa hasta que se cruzó en la trayectoria de su mirada una adolescente María de los Santos, con todos sus 14 años de frescor y femineidad en ciernes.

Mariano Lorenzo a partir de ese momento se distanció del rigor académico y monacal, entregándose en el mejor vehículo de las erupciones del corazón: la poesía.

Las clases del maestro Quiroz le sirvieron para obsequio de María Santos a quien escribía a diario poemas y yaravies.

Aunque doña Manuela llevaba las cartas de Mariano, alcahueteando el amorío juvenil, don José se atrinchero en una desaprobación categórica (por la condición de primos lejanos de los  tórtolos) a quien apoyaba la hermana de María Santos, completamente enamorada de Mariano Lorenzo.

Don José habló con don Juan de Dios sobre el atrevimiento de su hijo y el padre decidió enviar a su vástago a Lima para estudiar Derecho ya que la pasión hizo que Mariano Lorenzo diera una vuelta en U de su destino vestido de sotana y clerma.

En julio de 1813, Mariano Lorenzo solicitó al vicario general del Obispado y rector del Seminario de San Jerónimo, José de Cáceres, su certificado de estudios y al obtenerlo, enrumbo a Lima.

Pero todo viajero por obligación tras cruzar el puente de piedra sobre el río Chili debía pasar por la calle Beaterio y Mariano Lorenzo pasó por la casa de María Santos haciéndole jirones el corazón.

Cuando llegó a Quilca, dio una mirada extensa al Océano Pacífico por 1a vez e inventando mil excusas retornó a Arequipa, por siquiera una última mirada, una sola sonrisa que le nutra de esperanzas para respirar siquiera.

Ni sus ojos pudo conseguir, y María Santos tampoco se esforzó en dárselos.

La niña provocó sin buscarlo las primeras Elegías y su rebautizo que la eternizo en la historia como Silvia…

“Mejor hubiera sido que este cielo
no volviera a mirar...
“¿Para qué, pues, por verme satisfecho,
vine a hacer más agudos mis dolores
y a herir de nuevo el corazón deshecho?
“¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay triste, para qué! Para trocarse
mi dolor en más triste despedida”...
(Elegía 1. “Elegías y soneto a Silvia”).

Sin excusas esta vez, Mariano Lorenzo no se distrajo con el mar y completó su viaje a la capital del virreinato del Perú.

CONTINUARÁ…

(Fuentes: “Historia y leyenda de Mariano Melgar. 1790-1815. Aurelio Miró Quesada. 1978 y “La ‘Silvia’ de Mariano Melgar”. María Luz Crevoisier. Revistaanubis.wordpress.com).

(Imagen: Tambo "La Cabezona" prolongación de la calle Beaterio a la otra banda del Chili, Arequipa.Hermanos Vargas. 1920).

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