EL SANTO Y SEÑA DE AYACUCHO

 Lo humano sobre la batalla que liberó América de España





Por Pedro José Cama


Palmista convicto y confeso, no encontrará usted relato más sensible, personal y conmovedor de los hechos históricos, en su mayoría narrados con la empatía de un robot en los textos oficiales de Historia, que en las "Tradiciones Peruanas", sobre el pasado de nuestro país hasta 1877.

Es difícil si usted no ha leído las "Tradiciones..." de don Ricardo Palma Soriano, que encuentre sucesos históricos desde el título: por ejemplo, "Muerte de Pizarro" o "Batalla de Junín". Jamás los encontrará así, porque dichos acontecimientos los encontrará dentro de una de las tradiciones, mezclado en la vida cotidiana del pueblo, en la noticia diaria y oral, rescatado por Palma de la memoria colectiva.

Hoy, 9 de diciembre del 2020 conmemoramos y celebramos el 194º aniversario de la Batalla de Ayacucho de 1824, donde en los páramos de Quinua,  a 19 kms al Noreste de Huamanga, recurre el que escribe a su maestro admirado e intentaré mediocre, actualizar la tradición la cual contiene dicho hecho histórico trascendental.

Don Ricardo pinta primero el escenario pre-bélico: el ejército realista (en su mayoría compuesto de tropa y mandos medios peruanos), comandado por el mismo virrey del Perú, general Jose de la Serna Martínez de Hinojosa, el cual estaba compuesto aquel 9 de diciembre de 1824, de 9 mil hombres en 12 batallones de Infantería, 5 Cuerpos de Caballería y artilleros con 14 cañones, todos los cuales se habían emplazado en los cerros Pacaycasa y Condorcunca (al Este  y Oeste del pueblito de Quinua). 

En Quinua era donde se habían detenido, perseguidos por el enemigo, el Ejército Unido Libertador, al mando del general venezolano don Antonio José de Sucre y Alcalá, compuesto de 5,7 mil hombres en 10 batallones de Infantería, 4 Cuerpos de Caballería y 1 cañón. 

El Ejército Libertador tenía cerrada la salida hacia Jauja, Ica o Cusco. 

Y aquí entra la pluma del maestro: 

"El general (don José Domingo) de La Mar y Cortázar,  (jefe de la Legión Peruana de Caballería), se dirigió a una choza de pastores que servía de alojamiento a Sucre. 

"Éste le tendió afectuosamente la mano y le dijo:

"-¡Y bien, compañero! ¿Qué haría usted en mi condición?

"-Dar mañana la batalla, y vencer o morir -contestó La Mar.

"-Pienso lo mismo, y me alegro de que no haya discrepancia en nuestra manera de apreciar la situación.

"Y Sucre salió a la puerta de la choza, llamó a su ayudante y le dio orden de convocar inmediatamente para una junta de guerra a los principales jefes del ejército.

"Una hora después, los generales Sucre, La Mar, don José María Córdova Muñoz (jefe 2a División de Colombia), William (Guillermo) Miller (jefe de la División de Caballería), don Juan Jacinto Lara Meléndez (jefe de la 1a División de Colombia) y don Agustín Gamarra Messía, quien era el jefe de Estado Mayor, y los comandantes de cuerpo se encontraban congregados a la puerta de la choza, sentados sobre tambores e improvisados taburetes de campaña...

"La junta de guerra decidió por unanimidad de votos dar la batalla en la mañana del siguiente día...

"Terminada la sesión, Sucre llamó a su asistente y le dijo: 'Sirve las 11 a estos caballeros'...

"Y volviéndose a sus compañeros de junta, añadió: 'Conténtense ustedes con mis pobrezas, que para festines tiempo queda si Dios nos da mañana la victoria y una bala no nos corta el resuello'...

"Y el asistente puso sobre un tambor una botella de aguardiente, un trozo de queso, varios panes y una chancaca...

"-¡Banquete de príncipes golosos! -exclamó Córdova.

"-No moriremos de indigestión -dijo La Mar, poniendo una rebanada de queso dentro de un pan y cortando con el cuchillo un trocito de chancaca...

"A este tiempo el coronel irlandés (Francis Burdett) O'Connor, 1er ayudante del Estado Mayor, se acercó a Sucre, preguntándole:

"-Mi general, ¿quiere usía (su señoría) dictarme el santo y seña que se ha de comunicar al ejército?

"-¡Ahítate, glotón! Pan, queso y raspadura (de chancaca), continuó diciendo La Mar y pasando a Miller la ración que acababa de arreglar...

"-¡Pan, queso y raspadura! -repitió el gallardo inglés aceptando el agasajo-. ¡Very well! ¡Muchas gracias!

"Sucre se volvió hacia Miller, y le dijo sonriendo:

"-¿Qué ha dicho usted, general?

"-¡Nothing! ¡Nada! ¡Nada! Pan, queso y raspadura...

"-Coronel O'Connor, ahí tiene usted el santo, seña y contraseña precursores del triunfo...

"Y sacando Sucre del bolsillo su librito de memorias, arrancó una página y escribió sobre ella con lápiz:

"PAN, QUESO Y RASPADURA

"Tal fue el santo, seña y contraseña del ejército patriota al romperse los fuegos en el campo de Ayacucho...", nos narra un genial Palma, haciendo de un lejano hecho histórico, temporal y emocionalmente hablando, una anécdota humana que habría ocurrido ayer. 

Lo mismo hizo don Ricardo con otro episodio dentro de la Batalla de Ayacucho:

"La Batalla de Ayacucho tuvo, al iniciarse, todos los caracteres de un caballeresco torneo.

"A las 8 am del 9 de diciembre el general español (Juan Antonio) Monet se aproximó con un ayudante al campo patriota, hizo llamar al general colombiano Córdova, y le dijo:

"-General, en nuestro ejército como en el de ustedes hay jefes y oficiales ligados por vínculos de familia o de amistad íntima: ¿sería posible que, antes de rompernos la crisma, conversasen y se diesen un abrazo?

"-Me parece, general, que no habrá inconveniente. Voy a consultarlo -contestó Córdova.

"Y envió a su ayudante donde Sucre, quien en el acto acordó el permiso.

"Unos 37 peruanos entre jefes y oficiales, y 26 colombianos, desciñéndose la espada, pasaron a la línea neutral donde, igualmente sin armas, los esperaban 82 españoles.

"Después de media hora de afectuosas expansiones regresaron a sus respectivos campamentos, donde los aguardaba el almuerzo...

"Concluido éste, los españoles, jefes, oficiales y soldados, se vistieron de gran parada, en lo que los patriotas no podían imitarlos por no tener más ropa que la que llevaban puesta...

"Sucre vestía levita azul cerrada con una hilera de botones dorados, sin banda, faja ni medallas, pantalón azul, charreteras de oro y sombrero apuntado con orla de pluma blanca. 

"El traje de La Mar se diferenciaba en que vestía casaca azul en lugar de levita. 

"Córdova tenía el mismo uniforme de Sucre y, en vez de sombrero apuntado, un jipijapa de Guayaquil.

"A las 10 am volvió a presentarse Monet, a cuyo encuentro adelantó Córdova...

"-General -le dijo aquél-, vengo a participarle que vamos a principiar la batalla...

"-Cuando ustedes gusten, general -contestó el colombiano-. Esperaremos para contestarle a que ustedes rompan los fuegos...

"Ambos generales se estrecharon la mano y volvieron grupas...

"No pudo llevarse más adelante la galantería por ambas partes...

"A los americanos nos tocaba hacer los honores de la casa, no quemando los primeros cartuchos mientras los españoles no nos diesen el ejemplo...

"En Ayacucho se repitió aquello de: 'A vous, messieurs les anglaises, que nous sommes chez nous' ('A ustedes, señores ingleses, que nosotros somos de la casa')...

"A poco más de las 10 am, la división Monet, compuesta de los batallones Burgos, Infante, Guías y Victoria, a la vez que la división (general Alejandro González) Villalobos formada por los batallones Gerona, Imperial y Fernandinos, empezaron a descender de las alturas sobre la derecha y centro de los patriotas...

"La división (general Gerónimo) Valdez, organizada con los batallones Cantabria, Centro y Castro, había dado un largo rodeo y aparecía ya por la izquierda. 

"La caballería, al mando de (Valentín) Ferraz, constaba de los húsares de Fernando VII, dragones de la Unión, granaderos de la Guardia y escuadrones de San Carlos y de alabarderos. 

"Las 14 piezas de artillería estaban también convenientemente colocadas...

"Los patriotas esperaban el ataque en línea de batalla. 

"El ala derecha era mandada por Córdova y se componía de los batallones Bogotá, Voltíjeros, Caracas y Pichincha. 

"La división del general Lara, con los batallones Vargas, Rifles y Vencedores, ocupaba el centro. 

"La Mar, con los 4 cuerpos peruanos, sostenía la izquierda. 

"La caballería, a órdenes de Miller, se componía de los Húsares de Junín y de Colombia y de los Granaderos de Buenos Aires...

"Cada batallón de la infantería española constaba de 800 plazas (soldados) por lo menos, y entre los patriotas raro era el cuerpo que excedía de la mitad de esa cifra...

"Sucre, en su brioso caballo de batalla, recorría la línea, y deteniéndose en el centro de ella, dijo con entonación de voz que alcanzó a repercutir en los extremos:

"-'¡Soldados! De los esfuerzos de hoy pende la suerte de la América del Sur. ¡Que otro día de gloria corone vuestra admirable constancia!'

"Y espoleando su fogoso corcel, se dirigió hacia el ala que ocupaban los peruanos...

"La Mar, alentó a sus tropas con una proclama culta, a la vez que entusiasta y breve, y que ni la historia ni la tradición han cuidado de conservar.

"Los batallones contestaron con un estruendoso ¡Viva el Perú!, y rompieron el fuego sobre la división Valdez que había tomado ya la iniciativa del combate... 

"Era en esa ala donde la victoria debía disputarse más reñidamente...

"Entretanto la división Monet avanzaba sobre la de Córdova, y el teniente coronel catalán don (Pedro) Guasch, que mandaba el antiguo batallón Numancia, cuyo nombre cambió Bolívar con el de Voltíjeros, dijo a sus soldados:

"-'¡Numantinos! Ya sabéis que para vosotros no hay cuartel. ¡Ea! A vencer o morir matando'...

"Sucre, que acudía con oportunidad allí donde su presencia era necesaria, le gritó a Córdova:

"-General, tome usted la altura y está ganada la batalla.

"El valiente Córdova, ese gallardo paladín de 24 años, por toda respuesta se apeó del caballo y, alzando su sombrero de jipijapa en la punta de su espada, dio esta original voz de mando:

"-¡División! ¡De frente! ¡Armas a discreción y paso de vencedores!

"Y dando una irresistible carga a la bayoneta, sostenido por la caballería de Miller que acuchillaba sin piedad a los húsares de Fernando VII, sembró pronto el pánico en la división Monet...

"Sospecho que también la historia tiene sus pudores de niña melindrosa. 

"Ella no ha querido conservar la proclama del general Lara a la división del Centro, proclama eminentemente cambrónica (debe referirse Palma al general francés Pierre Cambronne del ejército napoleónico quien en la Batalla de Waterloo de 1815, al ser cercado e intimado a rendirse, contestó: "La Guardia muere, pero no se rinde"), ; pero la tradición no la ha olvidado, y yo, tradicionista de oficio, quiero consignarla. 

"Si peco en ello, pecaré con Víctor Hugo (quien rescató la respuesta de Cambronne); es decir, en buena compañía...

"-¡Zambos de...l espantajo! -les gritó-. Al frente están los godos p...uchueleros. El que manda la batalla es Antonio José de Sucre que, como saben ustedes, no es ningún c...angrejo. Conque así, apretarse los calzones y..... ¡a ellos!

"Y no dijo más, y ni Mirabeau habría sido más elocuente....

"Y tan furiosa fue la arremetida sobre la división Villalobos, en la cual venía el virrey, que el batallón Lanceros Pantano de Vargas (al mando del general peruano don José Trinidad Morán y Manzano)  no sólo alcanzó a derrotar el centro enemigo, sino que tuvo tiempo para acudir en auxilio de La Mar, cuyos cuerpos empezaban a ceder terreno ante el bien disciplinado coraje de los soldados de Valdez.

"Secundó a (los Lanceros Pantano de) Vargas, el regimiento húsares de Colombia, cuyo jefe, el coronel venezolano don Laurencio Silva, cayó herido. Llevado al hospital y puesto un vendaje a la herida, preguntó al cirujano:

"-Dígame, socio... ¿Cree usted que moriré de ésta?

"-Lo que es morir me parece que no; pero tiene usted lo preciso para pasar algunos meses bien divertido...

"-¡Ah! Pues si no muero de ésta, venga mi caballo, que todavía hay jarana para un cuarto de hora y quiero estar en ella hasta el conchito... 

"Y con agilidad suma, sin escuchar las reflexiones de su amigo el cirujano, saltó sobre el caballo y volvió a meterse en lo recio del fuego...

"¡Qué hombres, Cristo mío! ¡Qué hombres! 70 minutos de batalla, casi toda cuerpo a cuerpo, empleando los patriotas el sable y la bayoneta más que el fusil, pues desde Corpahuaico, donde perdieron el parque (balas), se hallaban escasos de pólvora (52 disparos por soldado), bastaron para consumar la Independencia de América...

"A las 12 del día el virrey La Serna, ligeramente herido en la cabeza, se encontraba prisionero de los patriotas, y ¡lo que son las ironías del destino! en ese mismo día, a esa misma hora, en Madrid, el rey de España, Fernando VII, firmaba para La Serna el título de conde de los Andes...

"La rivalidad entre (general español José de) Canterac, favorito del virrey y jefe de Estado Mayor de los españoles, y Valdez, el más valiente, honrado y entendido de los generales realistas, influyó algo para la derrota. 

"El plan de batalla fue acordado sólo entre La Serna y Canterac, y al ponerlo en conocimiento de Valdez 3 horas antes de iniciarse el combate, éste murmuró al oído del coronel del Cantabria, que era su íntimo amigo:

"-¡Nos arreglaron los insurgentes! Ese plan de batalla han podido urdirlo 2 frailes gilitos, pero no 2 militares. Los enemigos nos habrán hecho flecos antes de que lleguemos a la falda del cerro, y aun superado este inconveniente, no nos dejarán formar línea ordenada de batalla. 

"En fin, soldado soy y mi obligación es ir sin chistar al matadero y cumplir, como Dios me ayude, con mi rey y con mi patria.

"-¿Qué hacer, mi general? -contestó el jefe del Cantabria estrechando la mano de su superior-. ¡Caro vamos a pagar las francesadas de Canterac!

"Desbandada su división que, en justicia sea dicho, se batió admirablemente, Valdez descabalgó y, sentándose sobre una piedra, dijo con estoicismo:

"-Esta comedia se la llevó el demonio. ¡Canario! De aquí no me muevo y aquí me matan.

"Un grupo de sus soldados, de quienes era muy querido, lo tomó en peso y consiguió transportarlo algunas cuadras fuera del campo...

"A la caída del Sol, Canterac firmaba la Capitulación de Ayacucho, y 3 días más tarde dirigía al general don Simón Bolívar esta carta, que acaso medio siglo después trajo a la memoria Napoleón III al rendirse prisionero en Sedán:

"'Excmo. Sr. Libertador D. Simón Bolívar: Como amante de la gloria, aunque vencido, no puedo menos que felicitar a vuecelencia por haber terminado su empresa en el Perú con la jornada de Ayacucho. 

"'Con este motivo tiene el honor de ofrecerse a sus órdenes y saludarle, en nombre de los generales españoles, su afectísimo y obsecuente servidor que sus manos besa. -José de Canterac.- Guamanga a 12 de diciembre de 1824'...

"A las 2 pm, fatigado por la sangrienta a la par que gloriosa faena del día, llegó el general Miller a la puerta de la tienda de Sucre, donde sólo encontró al leal asistente...

"-Pancho -le dijo el alegre inglés-, dame un traguito de algo que refresque y un bocado para comer...

"El asistente le contestó:

"-Mi general, dispense usía si no le ofrezco otra cosa que lo mismo de ayer: un sorbo de aguardiente, pan, queso y raspadura...

"-Hombre, guárdate la raspadura y tráeme lo demás, que para raspadura basta con la que hemos dado a los godos...". 

Esas fueron las palabras finales del día que en el Perú se selló la Independencia de América del dominio colonial español de 305 años.

Entre tropas patriotas y realistas el total de muertos fue de 2,170 personas. 

(Fuente: "Pan, queso y raspadura". "Tradiciones Peruanas". Ricardo Palma. 1872)

(Imagen: Croquis de la Batalla de Ayacucho entre el Ejército Unido Libertador y el realista. 1824. Documentos Escritos. Archivo General de la Nación Argentina).


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